El PSC rompe con Serradó: «El teatro este "buenrollista" del alcalde ya no nos lo tragamos»
El portavoz socialista deja de negociar con un gobierno que bloquea todas sus mociones y avisa: «Que ahora tampoco esperen gran cosa del PSC»
Cuarenta y ocho horas antes del pleno, los socialistas todavía se sentaban con el gobierno para tratar de salvar su moción, la que debía garantizar que los concejales de la oposición pudieran consultar en tiempo real la información que guarda el Ayuntamiento de Olesa. De la reunión salieron sin acuerdo. Y con algo más.
Porque en aquellas conversaciones se dijeron cosas que el portavoz del PSC, Fernando Vicente, ha decidido no repetir. Si las explicara, avisa, «a más de uno se le caería la cara de vergüenza».
Dos días después, los once concejales del Bloc Olesà, ERC y Junts tumbaron la moción por un solo voto de diferencia.
Vicente sitúa en ese punto el final de una etapa, y lo describe con una frase que va directa al alcalde: «Esta parte del buen rollismo del alcalde Serradó, este teatro, ya no nos lo compramos».
La consecuencia práctica es que el principal grupo de la oposición deja de presentar mociones en el pleno. El cálculo que hay detrás lo formula sin rodeos: «no podemos presentar mociones porque el equipo de gobierno, por activa y por pasiva, acaba bloqueándonos todas las mociones». Y la renuncia, advierte, tiene contrapartida para el equipo de Marc Serradó. «Que ahora tampoco esperen gran cosa del PSC».
Porque lo que estaba en juego en aquella moción era el agravio que los socialistas arrastran desde hace meses: las peticiones de información que los grupos registran por escrito y que, sostienen, se quedan sin respuesta o llegan fuera de plazo. «Esto es una vergüenza».
Ganar las elecciones y acabar en la oposición
Para entender la carga que lleva esta ruptura hay que recordar cómo se formó el gobierno actual. En las municipales del 28 de mayo de 2023, el PSC fue la lista más votada de Olesa, con 2.424 votos y el 25,92% del apoyo.
Ganó y se quedó fuera. Bloc Olesà, ERC y Junts sumaban doce de los veintiún concejales del consistorio, los necesarios para investir alcalde, y pactaron un gobierno conjunto con la alcaldía repartida en dos turnos: Jordi Parent, de ERC, los dos primeros años, y Marc Serradó a partir de 2025.
Esta es la herida de fondo de todo el mandato, y el calendario ya no deja mucho margen para cerrarla: las próximas municipales se celebran el 23 de mayo de 2027.
«Hemos llegado tarde» al cambio de contenedores
Buena parte de los reproches del PSC tienen que ver con el nuevo sistema de recogida de basuras, que Olesa despliega desde febrero de este año. El modelo consiste en contenedores cerrados que solo se abren si el usuario se identifica con una tarjeta o un dispositivo digital, de forma que el Ayuntamiento puede saber quién recicla y quién no.
Detrás está el contrato más grande que gestiona el consistorio: más de treinta millones de euros a ocho años, aprobado por el pleno en octubre de 2024 e inaugurado el 3 de febrero en el Núcleo Antiguo, el Collet de Sant Joan, la Balconada y las Planas. El gobierno municipal lo ha justificado siempre por una obligación legal, y las cifras lo acompañan: Olesa recicla alrededor del 38% de los residuos que genera, mientras que la Unión Europea exige el 60% para 2030.
Vicente, a diferencia de otros críticos del sistema, no discute el modelo. Lo que discute es cuándo y cómo se ha explicado a la gente. Cuando el concejal de Medio Ambiente, Ivan Carreira, volvió a decir hace poco que había que hacer pedagogía con la ciudadanía, la respuesta socialista fue que ese momento ya ha pasado: «Creo que hemos llegado tarde. Se tendría que haber explicado hace tiempo», dijo el portavoz, que añadió que «había habido mucho tiempo antes para poder explicarlo».
De esa idea sale el diagnóstico que repite desde antes del verano y que funciona como hilo conductor de todo lo que denuncia: «lo que no sabe hacer o no está haciendo este gobierno municipal es gestionar el enfado de la ciudadanía». Porque, según él, buena parte de las bolsas que aparecen en el suelo junto a los contenedores no están ahí por descuido ni por dejadez, sino como una forma de protesta contra el nuevo sistema. «Hay muchas personas que seguramente dejan la basura, la fracción resto, fuera del contenedor como una manera de manifestar su enfado», sostiene. Es la misma lectura que el PSC ya hizo pública en primavera, cuando los vecinos empezaron a dejar la basura fuera de los contenedores con chip.
Ahora bien, el portavoz distingue un segundo fenómeno que no tiene nada que ver con la protesta ni con el incivismo, sino con la capacidad del servicio. Los domingos, en zonas como el tramo que baja hacia la Riera o el casco antiguo, el motivo por el que las bolsas acaban fuera es mucho más simple: «Es que ya no hay espacio». A esto se suma una reclamación que el grupo socialista hace tiempo que repite, la de sustituir los contenedores del casco antiguo por otros más accesibles. El portavoz lo explica con una imagen doméstica: la gente mayor, o cualquiera que baje cargado con bolsas, acaba teniendo que «abrazar el contenedor» para poder llegar.
Quién multará, y con qué efectivos
Ante las bolsas que aparecen en la calle, el gobierno municipal ha apuntado la vía de las sanciones. No es un anuncio nuevo. El portavoz socialista recuerda que el entonces alcalde, Jordi Parent, ya avanzó hace meses que el consistorio saldría a multar a quien no usara bien el sistema. Lo que el PSC le reclama desde entonces no es que renuncie a ello, sino que explique la operativa: «que diga cómo lo va a hacer».
Y aquí es donde entra el cálculo que hace Vicente, que es de personal. Asegura que hay días en que todo el dispositivo policial de Olesa se reduce a una patrulla en la calle y un agente en comisaría atendiendo el teléfono, y puntualiza que la cifra no se la inventa él: es, dice, «dicha por los mismos policías». Con ese parte de servicio, la pregunta que plantea es si esa única patrulla puede asumir un trabajo más: «¿Qué le vas a pedir a esa patrulla? ¿Que salga también a poner multas por la basura?».
A continuación repasa las otras figuras municipales que podrían hacerlo —las agentes cívicas y la vigilante de la zona azul— y las descarta porque ninguna tiene potestad para multar esa conducta. «¿Quién va a sancionar a la gente, las agentes cívicas? No tienen capacidad de sancionar. ¿Y quién lo hará, la de la zona azul? Tampoco tiene capacidad para sancionar eso». La conclusión que extrae es que el anuncio no tiene quién lo ejecute: «lo que no se puede hacer es venir aquí, decir esto y quedarse tan tranquilo».
Si aun así el anuncio se mantiene, sostiene el portavoz, es porque el equipo de gobierno hace un cálculo concreto: que con una puesta en escena bastará para que el pueblo se lo crea. Y lo explica recurriendo a la tradición local. «Olesa es un pueblo donde tenemos la Pasión, estamos acostumbrados a hacer teatro», señala, antes de apuntar que algunos miembros del gobierno municipal piensan que con «un poquito de escenificación», «el resto nos lo creemos».
La falta de efectivos le lleva todavía a una segunda objeción, esta sobre las estadísticas de delitos que el consistorio suele presentar cuando hace balance de seguridad: «Después pueden dar todas las estadísticas que quieran». El razonamiento no niega las cifras, las relativiza. Si no hay nadie disponible para atender a quien quiere poner una denuncia, la denuncia no llega a presentarse; y lo que no se presenta, no consta en ninguna parte ni aparece en las estadísticas. «El problema es que no tenemos dónde ir a denunciar, porque no hay nadie». Esta escasez crónica de agentes no es nueva en Olesa: los procesos selectivos, las bajas y los conflictos internos de la Policía Local acumulan años de litigios, un historial que este medio ha documentado.
Una nueva realidad en las calles de Olesa
Hay estos días en Olesa una persona que duerme dentro de un coche, otra que pasa las noches en la plaza Catalunya y una tercera en el lugar de siempre, cerca de la Plaza de La Sardana. El portavoz socialista las enumera para hablar de lo que él llama «una nueva realidad»: perfiles de gente sin hogar que hasta ahora no eran habituales en el municipio y que los equipamientos existentes, pensados para familias, no alcanzan a cubrir. «Tenemos gente que vive en la calle. Tenemos que encontrar alguna respuesta». Lo que reclama es refuerzo de personal técnico en servicios sociales.
Antes de continuar, sin embargo, introduce un matiz que lo distancia del reproche fácil: «No digo que sea cosa del gobierno municipal; digo que la realidad está cambiando». Lo que pide son dos cosas a la vez, e insiste en que no son contradictorias: «encontrar la forma de ayudar a quienes lo necesitan, pero también dar seguridad al resto de la gente».
Para ilustrar esta segunda parte, explica lo que vivió una concejala de su grupo. Estaba sacando dinero de un cajero automático cuando una persona se puso a su lado y, al salir, le pidió dinero. No pasó de un susto, y el portavoz es el primero en dejarlo claro: «No le pasó nada, y tampoco diremos que ese señor sea peligroso, pero es una situación incómoda». A partir de ahí lo conecta con un discurso que el propio consistorio hace suyo a menudo: «hablamos de ciudades con perspectiva de género, y eso también forma parte».
Hay un tercer episodio que el portavoz relata y que este diario no ha podido verificar de manera independiente. Según su relato, una persona que dormía dentro de un coche cerca de la comisaría habría sido multada al día siguiente mismo de avisar a la policía de que vivía allí. Cuando fue a pedir explicaciones al respecto, asegura, la respuesta que recibió fue que no se podía hacer nada porque ese día solo había dos agentes de servicio.
El agua del lago y las rampas que no llegan
El capítulo del mantenimiento lo desglosa en tres ejemplos que, dice, le llegan constantemente de los vecinos. El primero es el de la limpieza viaria y las calles que «se ven sucias», una queja que va más allá de los contenedores. El segundo, la máquina de limpieza pasando por la plaza de les Fonts «a la hora de entrar a la escuela», que según su relato acabó levantando una polvareda justo cuando había más niños en la calle. Son, de hecho, los mismos puntos que los vecinos vienen denunciando desde hace meses sobre el estado del espacio público.
El tercer ejemplo es el lago del parque, y aquí el grupo socialista fue expresamente a mirar qué pasaba antes de hablar de ello. Lo que encontraron es que el problema no es que el agua esté estancada del todo: «El agua entra y el agua sale», hay circulación. Lo que falla es el ritmo, porque «hay algo que no funciona» y el agua se renueva demasiado lentamente. De ahí, sostiene, vienen las algas que los vecinos ven acumuladas.
A estos tres casos añade las obras de Francesc Macià y un detalle que afecta directamente a quien tiene problemas de movilidad: la falta de rampas delante del Mercadona. El gobierno ha respondido que se harán cuando se asfalte la calle, y el PSC no discute el calendario del asfaltado, sino la espera que comporta. Lo que pide es una solución intermedia mientras tanto: «hacer algo provisional, porque la gente mayor, o la gente que tiene dificultades, sigue yendo a comprar». Sobre el cartel que el consistorio ha colocado para informar de que se está estudiando la rampa, su respuesta es literal: «Muy bien el cartel, pero que hagan algo».
Todos estos ejemplos los resume con una expresión que viene de su oficio, el de psicólogo: «Dónde está fallando el gobierno municipal es en eso que decimos los psicólogos: la escucha activa». Escuchan, admite, «pero creo que pasan de gran parte de lo que escuchan». Y vuelve a ello dos veces más a lo largo de su intervención: «Este gobierno municipal no escucha a la gente».
«Porque nos votarán en contra»
Llegados a este punto, la pregunta lógica es por qué ninguno de estos asuntos se ha convertido en una propuesta formal en el pleno. La respuesta del portavoz pasa por una conversación que dice que tiene a menudo dentro de su partido: cuando alguien le pregunta por qué no registra determinada moción, él responde siempre lo mismo. «Porque nos votarán en contra».
No habla en abstracto. La moción de transparencia que decayó por un voto la votaron a favor, además del PSC, Ciutadans, Olesa Oberta-ECP, el PP y el concejal no adscrito; en contra, los once concejales del Bloc, ERC y Junts.
El debate de aquel pleno dejó dos cosas. La primera, que la queja no es solo socialista: el concejal no adscrito Jordi Martínez dijo que muchas de sus instancias tampoco se han contestado dentro de plazo, Ciutadans defendió que la información en tiempo y forma «es una exigencia que no se puede obviar», y el portavoz de Olesa Oberta-ECP, Samuel Rodríguez, lo resumió así: «cuando todos los grupos de la oposición exponen situaciones similares, deja de ser una circunstancia excepcional para convertirse en una costumbre». La segunda, que el alcalde admitió el fondo del problema. «Nosotros esto lo sabemos, somos conscientes y trabajamos para resolverlo», dijo Serradó sobre los retrasos, que atribuyó a la carga de trabajo de los trabajadores municipales, aunque rechazó de forma taxativa que el consistorio oculte información de manera deliberada.
De la negociación previa, los socialistas salieron con la sensación de que ya no hay nada que pactar. Intentaron consensuar una nueva versión del texto con el gobierno, sin éxito, y el portavoz lo resume así: «cuando te hago una propuesta de moción que nos permita tener información, te niegas».
Sobre el contenido de aquellas reuniones, el portavoz mantiene el silencio que se ha impuesto. Asegura que su grupo podría haber explicado en el pleno «bastante bien cómo fueron las negociaciones», y que si no lo ha hecho es porque «en el PSC somos de una honestidad y de una lealtad» que él reivindica. La única pista que da es esta: «A veces a la gente se le calienta la boca y dice cosas que no debería decir».
Sobre las preguntas registradas que no reciben respuesta, el portavoz deja abierto el siguiente paso sin concretarlo, en forma de interrogante: «Hemos hecho preguntas y seguimos sin respuestas. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Denunciarlo?». Y suma un reproche que va más allá de su grupo, porque afecta al resto de la oposición: que las mociones de otros partidos tengan que retocarse tanto para arrancar el voto del gobierno que acaben convertidas en una declaración de buenas intenciones sin ningún efecto práctico. «Deseamos, soñamos», resume, «pero para hacer ese papel, no lo hacemos».
El silencio del consistorio ya tiene antecedentes
Esta manera de gestionar la información no es nueva ni afecta solo a la oposición. La Generalitat constató por unanimidad que el Ayuntamiento de Olesa obstaculiza la libertad de prensa y lo expuso a una infracción muy grave. Y antes, en un caso similar al de la emisora municipal, la Autoridad Catalana de Protección de Datos imputó al consistorio por irregularidades en su radio.
Con todo, y esto matiza el retrato, el portavoz socialista no lo corrige todo. «No puedo decir que todo lo que hagan» esté mal, admite, y llega a reconocer que hay ámbitos —el mantenimiento y la limpieza, precisamente— que «en el mandato anterior estaban mejor resueltos», aunque añade que aquel mandato «no era de mis preferidos». Los acuerdos puntuales entre gobierno y oposición también existen: la corporación votó por unanimidad exigir un segundo CAP para Olesa.
Un curso que llega caliente
De cara a los meses que vienen, la previsión de Vicente es que el clima político en el consistorio empeore: «Creo que vendrá muy crispado». El motivo, según él, no son los partidos que hay en el pleno, sino los que no están. Su tesis es que las formaciones sin representación en el consistorio aprovecharán el turno de participación ciudadana, abierto al público al final de cada sesión, para hacer precampaña de cara a 2027. «Ya hemos visto que en algunos plenos se ha descontrolado», recuerda.
Ante eso, su grupo ha ofrecido al alcalde buscar una solución conjunta, incluso modificar el reglamento si hace falta. La propuesta socialista consiste en mover ese turno de lugar: en vez de dejarlo para el final de la sesión, celebrarlo antes, de seis a siete de la tarde, con los portavoces municipales presentes. El motivo es práctico y tiene que ver con quién acaba yendo: que «gente de 80 años no se tenga que esperar a las 11 de la noche» y escuchar todo el debate municipal entero antes de poder decir la suya. Si no se cambia nada, avisa, los plenos se alargarán hasta el absurdo: «serán las 3 de la madrugada y estaremos allí hablando del sexo de los ángeles».
Quedan ocho meses de mandato, y el portavoz socialista sostiene que los tres socios de gobierno dan por hecho que repetirán resultados y que volverán a pactar entre ellos para seguir gobernando. Él no lo ve tan claro, y añade un pronóstico que es también un recordatorio de dónde está hoy el PSC: «cosa que dudo, porque entonces quizá tendrán que volver a mirar hacia el PSC». Ni el alcalde ni los concejales de Medio Ambiente y Seguridad han respondido, hasta el cierre de esta edición, a las afirmaciones del portavoz socialista.