El PSC rompe con Serradó: «El teatro este "buenrollista" del alcalde ya no lo compramos»
El portavoz socialista deja de negociar con un gobierno que bloquea todas sus mociones y avisa: «Que ahora tampoco esperen gran cosa del PSC»
En Olesa hay estos días una persona durmiendo dentro de un coche, otra en la plaza Cataluña y una tercera en el lugar de siempre, cerca de la Plaça de La Sardana. Quien lleva el recuento es el portavoz del PSC, Fernando Vicente, que sostiene que los recursos municipales no están pensados para este perfil y que el consistorio todavía no ha dado respuesta: «Tenemos gente que vive en la calle. Tenemos que encontrar alguna respuesta».
Es uno de los cuatro o cinco asuntos que, según explica, su grupo ha identificado como los que más preocupan a los olesanos, junto con la limpieza, el mantenimiento y la seguridad. Ninguno de ellos ha llegado al pleno en forma de moción socialista, y el motivo lo resume con una frase que da por cerrada la etapa de buena relación con el alcalde: «esta parte del buen rollismo del alcalde Serradó, el teatro este, ya no lo compramos».
La decisión que se desprende marca lo que queda de mandato. El PSC deja de presentar mociones en el pleno —«no podemos presentar mociones porque el equipo de gobierno, por activa y por pasiva, nos acaba bloqueando todas las mociones»— y dirige al equipo de Marc Serradó una advertencia: «que ahora tampoco esperen gran cosa del PSC». Al agravio suma las preguntas registradas que dice que nadie contesta: «Esto es una vergüenza».
El PSC ganó el 28 de mayo de 2023 con 2.424 votos y el 25,92% del apoyo. La suma de los tres socios de gobierno —Bloc, ERC y Junts, doce de los veintiún escaños— dejó al partido más votado en la oposición y repartió la alcaldía en dos turnos: primero Jordi Parent y, desde 2025, Marc Serradó. Las próximas municipales, recuerda el portavoz, son el 23 de mayo de 2027.
«Hemos llegado tarde» al cambio de contenedores
Buena parte de los reproches del portavoz socialista tienen que ver con el nuevo sistema de recogida. Olesa lo despliega desde febrero de este año, con contenedores que se abren con identificación digital. Es el contrato más grande que gestiona el Ayuntamiento: más de treinta millones de euros a ocho años, aprobado por el pleno en octubre de 2024 e inaugurado el 3 de febrero en el Núcleo Antiguo, el Collet de Sant Joan, la Balconada y les Planes. El gobierno ha justificado el cambio por una obligación legal: Olesa recicla alrededor del 38% de los residuos y la Unión Europea exige el 60% para 2030.
Vicente no discute el sistema. Discute cuándo y cómo se ha explicado. Cuando el concejal de Medio Ambiente, Ivan Carreira, volvió a decir que había que explicar el modelo a la ciudadanía, el portavoz socialista respondió así: «Creo que hemos llegado tarde. Se tendría que haber explicado hace tiempo». Y añadió: «Había habido mucho tiempo antes para poder explicarlo».
El diagnóstico que añade lo repite desde antes del verano: «lo que no sabe hacer o no está haciendo este gobierno municipal es gestionar el enfado de la ciudadanía». Porque, según él, buena parte de las bolsas que aparecen en el suelo no están ahí por descuido, sino por protesta: «Hay muchas personas que seguramente dejan la basura, la fracción resto, fuera del contenedor como una manera de manifestar su enfado». Es la misma lectura que el PSC ya hizo pública en primavera, cuando los vecinos empezaron a dejar la basura fuera de los contenedores con chip.
Hay un segundo caso, avisa, que no tiene nada que ver con el incivismo. Los domingos, en zonas como el tramo que baja hacia la Riera o el casco antiguo, lo que ocurre es otra cosa: «Es que ya no hay espacio». El grupo socialista ya había pedido cambiar los contenedores del casco antiguo porque son incómodos, y el portavoz lo explica con una imagen: la gente mayor, o quien baja cargado de bolsas, acaba teniendo que «abrazar el contenedor».
«Que lo diga cómo»
El gobierno ha apuntado a la vía sancionadora contra quien deja la basura fuera de los contenedores, y no es un anuncio nuevo: el portavoz socialista recuerda que el entonces alcalde, Jordi Parent, ya dijo hace meses que el consistorio saldría a sancionar. Lo que le reclama es la operativa: «que diga cómo lo hará». Vicente sostiene que hay días en el municipio en los que hay una patrulla en la calle y un agente en la comisaría, y precisa que la cifra es «dicha por los mismos policías». «¿Qué le vas a pedir a esa patrulla? ¿Que salga también a poner multas por la basura?», pregunta. Y repasa las figuras municipales para descartarlas una a una: «¿Quién sancionará a la gente, las agentes cívicas? No tienen capacidad de sancionar. ¿Y quién lo hará, la de la zona azul? Tampoco tiene capacidad para sancionar eso». Su remate: «lo que no se puede hacer es venir aquí, decir esto y quedarse tan tranquilo».
El portavoz lo atribuye a un cálculo del equipo de gobierno. Lo dice utilizando la tradición local como comparación. «Olesa es un pueblo donde tenemos la Pasión, estamos acostumbrados a hacer teatro», señala, antes de explicar que cree que algunos miembros del gobierno municipal piensan que con «un poquito de escenificación», «el resto nos lo creemos».
Junto a las sanciones está la seguridad, y aquí el portavoz adelanta una objeción a los balances municipales: «Después pueden dar todas las estadísticas que quieran». Su argumento es sencillo. Si no hay nadie para atender la denuncia, la denuncia no se presenta, y si no se presenta, no aparece en las cifras. «El problema es que no tenemos dónde ir a denunciar, porque no hay nadie». Los procesos selectivos, las bajas y los conflictos internos de la Policía Local de Olesa acumulan años de litigios, un historial que este medio ha documentado.
Gente durmiendo en la calle y una nueva realidad
Los casos de gente viviendo en la calle, dice Vicente, son parte de lo que llama «una nueva realidad». Los equipamientos municipales están pensados para familias y no sirven para este perfil, sostiene, y lo que reclama es más personal técnico en servicios sociales.
El portavoz introduce un matiz antes de continuar: «No digo que sea cosa del gobierno municipal; digo que la realidad está cambiando». Lo que pide son dos cosas a la vez: «encontrar la manera de ayudar a quienes lo necesitan, pero también dar seguridad al resto de la gente». Y explica un episodio que vivió una concejala de su grupo. Sacaba dinero de un cajero, una persona se puso a su lado y, al salir, le pidió dinero. «No le pasó nada, y tampoco diremos que ese señor sea peligroso, pero es una situación incómoda», relata, y lo enlaza con un discurso que el propio consistorio hace suyo a menudo: «hablamos de ciudades con perspectiva de género, y eso también forma parte de ello».
Hay otro episodio que el portavoz explica y que este diario no ha podido verificar. Asegura que una persona que dormía en un coche cerca de la comisaría fue multada al día siguiente de avisar a la policía de que vivía allí, y que cuando fue a pedir explicaciones le dijeron que no podían hacer nada porque aquel día solo había dos agentes de servicio.
«El agua entra y sale, pero algo no funciona»
En mantenimiento, Vicente va por partes. Primero, la limpieza viaria y las calles que «se ven sucias». Después, la máquina de limpieza pasando por la plaza de las Fonts «a la hora de entrar al colegio», que según su relato levantó una polvareda. Son los mismos puntos que los vecinos vienen denunciando desde hace meses sobre el estado del espacio público.
En el lago del parque, su grupo fue a mirar qué pasaba. La conclusión, explica, es que hay movimiento de agua: «El agua entra y el agua sale», pero «hay algo que no funciona». El agua recircula demasiado despacio, sostiene, y de ahí vienen las algas.
El tercer punto son las obras de Francesc Macià y la falta de rampas frente al Mercadona. El gobierno ha respondido que se harán cuando se asfalte la calle. El portavoz pide una solución intermedia mientras tanto: «hacer algo provisional, porque la gente mayor, o la gente que tiene dificultades, sigue yendo a comprar». Y sobre el cartel que anuncia que se está estudiando la rampa, su respuesta es literal: «Muy bien el cartel, pero que hagan algo».
Todo ello lo resume con una expresión que viene de su oficio: «Donde está fallando el gobierno municipal es en eso que decimos los psicólogos: la escucha activa». Escuchan, dice, «pero creo que pasan de gran parte de lo que escuchan». Y lo repite dos veces más: «Este gobierno municipal no escucha a la gente».
«Porque nos votarán en contra»
¿Por qué el PSC ha dejado de presentar mociones? El portavoz lo explica con una conversación que dice que mantiene a menudo dentro del partido. Cuando alguien le pregunta por qué no registra una propuesta determinada, él responde: «Porque nos votarán en contra».
La última que intentó negociar era una moción para que la oposición pudiera acceder a la información municipal. Acabó sin acuerdo «48 horas antes» del pleno, según su relato, y con una negativa que formula así: «cuando te hago una propuesta de moción que nos permita tener información, te niegas a ello».
Lo que se dijo en aquellas reuniones es lo que Vicente ha decidido no explicar. Asegura que su grupo podría haber explicado en el pleno «bastante bien cómo fueron las negociaciones» y que no lo ha hecho porque «en el PSC somos de una honestidad y de una lealtad» que él reivindica. Si lo hubiera hecho, añade, «a más de uno se le caería la cara de vergüenza». Lo único que concreta es esto: «A veces a la gente se le calienta la boca y dice cosas que no debería decir».
De las preguntas sin respuesta habla en voz alta y sin cerrar la puerta a nada: «Hemos hecho preguntas y seguimos sin respuestas. ¿Qué tenemos que hacer? ¿Denunciarlo?». También reprocha que las mociones de otros grupos tengan que retocarse tanto para conseguir el voto del gobierno que acaban convertidas en una lista de buenas intenciones: «deseamos, soñamos», resume, «pero para hacer ese papel, no lo hacemos».
No es la primera vez que las obligaciones de información del consistorio acaban fuera del pleno. La Generalitat constató por unanimidad que el Ayuntamiento de Olesa obstaculiza la libertad de prensa y lo expuso a una infracción muy grave. Y antes, en un caso similar al de la emisora municipal, cuando la Autoridad Catalana de Protección de Datos imputó al consistorio por irregularidades en su radio.
El portavoz, sin embargo, no lo critica todo. «No puedo decir que todo lo que hagan» esté mal, dice, y reconoce que hay ámbitos —mantenimiento y limpieza— que «en el mandato anterior estaban mejor resueltos», aunque puntualiza que aquel mandato «no era de mis preferidos». Los acuerdos puntuales existen: la corporación votó por unanimidad exigir un segundo CAP para Olesa.
«Un curso muy crispado» y una propuesta para los plenos
Vicente tiene claro cómo será el curso que empieza: «Creo que vendrá muy crispado». El motivo, según él, no son los partidos que hay en el consistorio, sino los que no están. Formaciones sin representación municipal utilizarán el turno de participación ciudadana de los plenos para hacer precampaña, sostiene. «Ya hemos visto que en algunos plenos se ha descontrolado», recuerda, y explica que su grupo ha ofrecido al alcalde buscar una solución, incluso modificar el reglamento si hace falta.
La propuesta socialista es mover el turno de participación ciudadana y pasarlo de después del pleno a antes, de seis a siete de la tarde, con los portavoces municipales presentes. El motivo es el horario: que «gente de 80 años no tenga que esperar a las 11 de la noche» y escuchar todo el debate antes de poder hablar. Si no se cambia, avisa, «serán las 3 de la madrugada y estaremos allí hablando del sexo de los ángeles».
Quedan ocho meses de mandato. Vicente sostiene que los tres socios de gobierno dan por hecho que repetirán resultados y que volverán a pactar entre ellos, y añade su pronóstico: «cosa que dudo, porque entonces quizá tendrán que volver a mirar hacia el PSC». Ni el alcalde ni los concejales de Medio Ambiente y Seguridad han respondido, hasta el cierre de esta edición, a las afirmaciones del portavoz socialista.