«Hay que tener ganas de hacer las cosas bien»: así resume Olesa Oberta lo que hace falta en el Ayuntamiento

Samuel Rodríguez lleva tres años estudiando municipios, escuchando vecinos y acumulando propuestas concretas para mejorar nuestro municipio

Samuel Rodríguez Torondel, líder de Olesa Oberta

Muchos políticos critican. Pero hay otros que además de criticar, han estado en Terrassa, en Sabadell, en Premià de Mar, en Sant Celoni, en Vilanova, tomando notas, comparando modelos y preguntándose qué funciona en otros sitios y por qué no funcionaría en Olesa. Samuel Rodríguez, concejal de Olesa Oberta - En Comú Podem, lleva tres años haciendo las dos cosas.

Lo hace desde la oposición, con un solo escaño, en un consistorio gobernado por Esquerra Republicana, Bloc-CUP i Junts. Sus propuestas no siempre prosperan. Pero el registro de los últimos meses muestra una coincidencia que no pasa desapercibida: los tres asuntos que más malestar han generado entre los vecinos de Olesa —la gestión de los residuos, la movilidad y la política de aparcamiento— son exactamente los tres frentes sobre los que Rodríguez lleva meses articulando una posición diferente a la del equipo de gobierno.

El modelo de residuos: lo que otros municipios hicieron antes de multar

Cuando el consistorio implantó el nuevo sistema de contenedores con chip, Rodríguez ya había visto algo parecido en otros municipios. La diferencia, según ha explicado en declaraciones públicas, estaba en cómo se ejecutó. En otros ayuntamientos con gestión propia, la implantación fue acompañada de una fase de adaptación: recogidas nocturnas de lo que quedaba fuera de los contenedores, hasta que los vecinos interiorizaran el nuevo funcionamiento y la calle amaneciera limpia. Aquí ese paso no se dio.

El resultado está documentado. El consistorio impuso las primeras sanciones —de hasta 300 euros— a vecinos que habían dejado bolsas fuera de contenedores que, en muchos casos, permanecían bloqueados varios días a la semana. Centenares de ciudadanos reaccionaron en redes sociales. Algunos de los testimonios recogidos por Teleolesa describían situaciones concretas: vecinos que habían seguido el protocolo paso a paso, acordado una cita para la recogida de voluminosos y esperado tres días sin que nadie pasara. Cuando insistieron, nadie respondió. Al final recogieron ellos mismos lo que el servicio había prometido recoger.

«Si lo hacemos bien, quizás en el futuro tengamos una tasa más reducida. Intentemos hacerlo bien»

Rodríguez no ha pedido que se abandone el sistema. Lo ha dicho con claridad: el problema no son los chips, sino el modelo de externalización y la ausencia de pedagogía previa. Señala también una variable que el consistorio no habría evaluado: los conductores de camiones que aparcaban en la zona de la Flora y que antes usaban los contenedores abiertos. Sin acceso, la basura se acumula en ese punto. No es una infracción difícil de anticipar.

La parada de bus que sigue sin solución

El segundo frente es el del Monbus. La parada de la plaça de l'Oli lleva semanas suprimida. El alcalde Marc Serradó explicó públicamente que «lo que nos pinta es que lo que no hay son ganas de recuperar la parada», apuntando a la Generalitat como responsable. En las mismas declaraciones, Serradó reconoció que la plataforma de accesibilidad necesaria para que el autobús pueda volver a parar «habrá que habilitarlo lo antes posible». A fecha de hoy, según la información disponible, el Ayuntamiento no la ha ejecutado.

Es la misma empresa que reclama esa infraestructura como condición para reanudar el servicio. Y es el Ayuntamiento quien debe construirla. La secuencia que emerge de las propias palabras del alcalde es la de un punto muerto: la Generalitat no puede garantizar que el bus pare hasta que la infraestructura esté, y la infraestructura no está.

Rodríguez ha situado este tipo de situaciones en un marco más amplio: el del transporte público de un municipio que, según describe, obliga a sus vecinos a salir cada día porque no puede retenerlos. Sin empleo local suficiente, sin universidad, sin urgencias médicas propias. «Exportamos a gente trabajadora, exportamos estudiantes, exportamos incluso gente que está enferma», ha señalado. Y los Ferrocarriles Catalanes, añade, pierden paradas. El Monbus, mejor no hablar, concluye.

Aparcamientos disuasorios en un municipio que expulsa a su gente

El tercer frente es el del aparcamiento. El consistorio habilitó recientemente nuevas plazas gratuitas en los terrenos de la antigua comisaría de la policía local. Rodríguez valora la medida como insuficiente: «Es una pequeña medida que prácticamente no arregla nada.» Pero su posición va más allá de la cuantía de las plazas.

Lo que cuestiona es la lógica de los aparcamientos disuasorios en Olesa. En ciudades grandes, ese modelo tiene sentido cuando la población que llega en coche viene de fuera y tiene alternativas de transporte público reales. En Olesa, argumenta, el perfil es distinto: quien aparca es mayoritariamente el propio vecino que ha tenido que salir del municipio por las carencias que el mismo municipio no ha resuelto. Quitarle las plazas cerca de casa no le hace dejar el coche. Le hace usar ese coche que ya lleva encima para moverse por dentro del pueblo. Y eso, dice, es exactamente lo que genera el denominado «tráfico de agitación».

«La gente a la que se le disuade de aparcar no es gente que viene de fuera, es la propia población de Olesa que por las carencias [...] es expulsada fuera del pueblo, son obligados a marcharse.»

El mismo razonamiento lo aplica al carril bici segregado. En un municipio sin continuidad urbana con los pueblos vecinos, ese tipo de infraestructura no conecta destinos. Rodríguez dice preferir el carril compartido: medidas que ralenticen el tráfico rodado y permitan que bici y coche convivan en la misma calzada, sin necesitar una separación física que añade un vehículo más a un entorno que, según él, no lo necesita.

Un año para hacerse ver

Olesa Oberta afronta los próximos doce meses con un objetivo declarado: visibilidad. Rodríguez ha confirmado que la formación celebrará próximamente una asamblea para definir la estrategia del último tramo de mandato. Su intención es presentarse de nuevo como cabeza de lista, aunque la decisión corresponde a las primarias internas. «Me presento y a ver qué ocurre», ha dicho.

El programa que lleven a las elecciones de 2027 partirá del de 2023, revisado a la luz de estos cuatro años. Rodríguez describe ese proceso con una frase: «Las políticas deben pasar un proceso de evaluación y un rendimiento de resultados.» No es una declaración grandilocuente. Es, simplemente, la descripción de algo que debería ser rutinario en cualquier administración y que, visto el curso de los últimos meses en Olesa, no parece serlo.

Aquest article és una crònica periodística d’anàlisi i d’opinió. Per la seva naturalesa, conté elements subjectius derivats de la interpretació dels fets documentats.

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Antonio Retamero

Periodista especializado en política, actualidad, sucesos y sociedad. Se encarga de la cobertura informativa diaria, la redacción de noticias y el seguimiento de temas de interés público.

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