Olesa presenta más de 200 denuncias para forzar una solución al desastre de Monbus: "Un conductor pasó de largo y se rio en mi cara"
El Ayuntamiento y los vecinos preparan un frente común de cara a la cumbre del 18 de marzo. Las modificaciones propuestas por Territori para después de Semana Santa apenas recuperan tres expediciones a Gran Vía, perpetuando el aislamiento de la periferia
Doscientas ocho reclamaciones oficiales en apenas un mes. Este es el arsenal probatorio que esgrimirá el Ayuntamiento de Olesa de Montserrat en su próximo cónclave con la Dirección General de Transportes y Movilidad. Atrás quedó la euforia institucional que bautizó el nuevo mapa de transporte como un hito histórico; la terca realidad de las paradas abarrotadas ha ahormado una alianza forzosa entre la administración local y unos usuarios hastiados de quedarse en tierra. La reunión vecinal celebrada ayer en la Casa de Cultura, concebida como continuación de la multitudinaria asamblea del pasado 20 de enero, trazó la estrategia defensiva: documentar cada retraso, cada aplicación fallida y cada "humillación" para forzar la apertura de expedientes sancionadores contra la concesionaria.

El concejal de Movilidad, Jordi Parent, flanqueado por el alcalde Marc Serradó, desgranó el raquítico salvavidas lanzado por la Generalitat tras el clamor social. El planteamiento de Territori, cuya entrada en vigor pretenden dilatar hasta después de Semana Santa, apenas inyecta tres expediciones matutinas y vespertinas con destino a Gran Vía, sumando dos nuevas franjas de regreso. Un parche aritmético que arroja un saldo deficitario: de las 29 conexiones directas al centro barcelonés que vertebraban el antiguo servicio, el municipio retendrá tan solo 25. "Seguimos creyendo que es totalmente insuficiente", zanjó Parent, quien advirtió que el Ejecutivo local exigirá el despliegue inmediato de estas modificaciones y seguirá pugnando por restablecer las cuotas previas.
El embudo de Manresa y la tecnología inoperante
La arquitectura del servicio actual empuja a los viajeros a un callejón sin salida estructural. Las líneas procedentes de la capital del Bages irrumpen en la localidad con el aforo al límite, convirtiendo el acceso al vehículo en una quimera. "El autobús de las 8:45 llega a Maria Cristina lleno, y desde la última reunión ya no nos dejan subir de pie; directamente nos quedamos tirados", relató una estudiante universitaria, ilustrando el calvario de regresar a casa al caer la noche. Tal y como ha documentado de forma exhaustiva Teleolesa en semanas previas, la supuesta intermodalidad diseñada por el Govern castiga sistemáticamente a la periferia, dilatando los tiempos de trayecto.

A la penuria física de plazas se suma la inactividad de los sistemas de información. La plataforma digital de Monbus dibuja rutas de vehículos fantasma que se esfuman de la pantalla al expirar su hora de llegada. "Ayer por la mañana la aplicación decía que pasaban todos, pero entre las ocho y media y las nueve y cuarto no apareció ninguno", clamó otra de las afectadas ante el silencio telemático de la empresa. Los códigos QR instalados en las marquesinas, supuesta panacea de la modernidad, derivan al usuario a la nada.
Flotas vacías y colapsos inexplicables
El descontrol alcanza cotas de "puro surrealismo" durante la franja de media tarde. Mientras las horas punta de primera hora sufren carencias letales, alrededor de las 17:00 horas se agolpan hasta cinco vehículos en un margen de menos de treinta minutos, circulando prácticamente vacíos. Una usuaria diseccionó la crudeza de esta gestión ineficaz: "Pasaron tres a las cinco, el de Gran Vía se rio en mi cara y pasó de largo. Acabé cogiendo el de Maria Cristina directo y viajé sola". Lejos de optimizar la red, esta acumulación artificial atasca las arterias barcelonesas y proporciona a la administración el pretexto perfecto para justificar el recorte de expediciones urbanas.
La sanción económica para blindar el servicio
Ante el blindaje burocrático, la respuesta de Olesa muta hacia el rigor jurídico. El alcalde Marc Serradó instó a los congregados a no rendirse y elevar quejas milimétricas especificando fecha, hora, lugar y código del autocar. El pliego de condiciones de la Generalitat tipifica como infracción grave la inexactitud de la información volcada en las aplicaciones y paradas. "La única manera de que la empresa lo haga bien es a base de penalidades. Si acumulan muchas, al menos podrán rescindir el contrato y buscar una empresa que lo haga mejor", espetó Parent.

Aun así, un ciudadano advirtió del peligro inminente de los plazos administrativos. El próximo 12 de abril caduca el periodo de gracia de cuatro meses estipulado en la licitación para calibrar el servicio. Si el Departament evalúa la concesión escudándose en los registros autocomplacientes de Monbus —que apuntan a un índice de cumplimiento irreal del 95%—, la intervención decaerá. La gran ofensiva del 18 de marzo pasa por someter esos datos al escrutinio de las denuncias vecinales y exigir una prórroga de esta evaluación. "Si no, dirán que ya se ha pasado el periodo y no podrán hacer nada", alertó el usuario. El pulso no ha hecho más que comenzar, y Olesa se niega a pagar los platos rotos de la burocracia.