Moretones, duchas con agua fría y presunta sobredosis: La denuncia de una familia contra una residencia de Olesa
La dirección del centro geriátrico niega las acusaciones, mientras los allegados denuncian los hechos respaldados por informes médicos
"Mi marido se transformó; nunca lo había visto así". Con esta frase, la hija del afectado describe el instante en que comprobaron que a su padre lo lavaban presuntamente con agua fría en pleno invierno tras abrir los grifos del lavabo y notar el agua helada. Frente a estas graves acusaciones, que incluyen fotografías y quejas médicas aportadas por la familia, la directora de la residencia La Vil·la defiende su profesionalidad como educadora y trabajadora social, asegurando a este medio que "no hay ningún maltrato ni lo habrá en el futuro".
El conflicto de las duchas heladas y el servicio
El relato de la familia sitúa el inicio de los problemas en noviembre de 2024, coincidiendo con un cambio en el equipo directivo. Según los denunciantes, una avería en la caldera dejó al centro sin calefacción ni agua caliente durante unas tres semanas. Un técnico advirtió telefónicamente que se trataba de una reparación temporal y que era imperativo cambiar los tubos de la instalación. "Dile a tu jefe que si hoy llega a estar aquí se ducha conmigo, porque yo ni en agosto me ducho con el agua así", advirtió el yerno del residente a una trabajadora tras comprobar la temperatura del agua.

Además, la familia critica que la calidad de las cenas empeoró drásticamente; denuncian la desaparición del aceite de oliva, el uso diario de "pan de molde barato" y la peligrosa administración de medicación dentro de trozos gigantes de gelatina sin triturar, que según ellos, eran "imposibles de masticar". También relatan que la ropa del anciano regresaba a la habitación rota o con manchas de lejía.
Por su parte, la dirección argumenta que las quejas provienen de familiares que se marcharon a otro centro "a disgusto" y que ahora buscan divulgar una imagen negativa de su trabajo. Para refutar la falta de atención, la responsable del geriátrico detalla que cumplen estrictamente con la ratio legal de personal: cuentan con dos auxiliares por la mañana, dos por la tarde y uno durante el turno de noche, lo que equivale a un trabajador por cada once residentes. La familia, sin embargo, sospecha de estos números, afirmando que el día que recibieron una inspección había seis personas trabajando de manera excepcional.
Hematomas, traslados y protocolos médicos
El franco deterioro del anciano aceleró el enfrentamiento. La familia denuncia haber encontrado a su allegado en la cama con el cinturón de contención subido hasta el pecho, obligándoles a gritar para que las trabajadoras lo colocaran correctamente. El punto más crítico llegó con el descubrimiento de un gran hematoma en las piernas que, según los médicos del hospital de Martorell, tenía más de diez días de evolución. La familia afirma que nunca se les comunicó esta lesión cutánea y acusan al centro de derivar pacientes a urgencias con informes sellados sin que ningún médico los visite presencialmente en las instalaciones.
El caos médico alcanzó su pico cuando el anciano, según relata su hija, fue enviado a urgencias con una camiseta agujereada que no era suya y padeciendo una supuesta sobredosis de medicación. Para desacreditar estas quejas, la familia sostiene que la gobernanta intentó restarles valor tachando al residente de "malalt psiquiàtric". Finalmente, el anciano terminó siendo trasladado a la residencia Santa Oliva apenas diez días antes de fallecer, llegando a su nuevo destino sin tan siquiera haber sido bañado, según denuncia la familia.

Frente a estas acusaciones de opacidad médica, la directora detalla un protocolo muy distinto. Asegura que ante cualquier caída, se realiza un registro supervisado por el responsable higiénico-sanitario. Dependiendo de la patología del residente, se contacta al 061 o al CAP de Olesa, se aplican las pautas del profesional sanitario y, posteriormente, se avisa al familiar explicando la situación y las medidas tomadas. Incluso, la dirección sugiere que las lesiones documentadas podrían estar relacionadas con la estancia del residente en otro centro, indicando que los denunciantes "se están contradiciendo".
"Registro oficial como tal, no": El vacío legal ante las quejas
Otro de los elementos que resalta sobre la gestión de las incidencias en el centro es la tramitación de las quejas formales. Al ser preguntada explícitamente por nuestros periodistas sobre si la residencia dispone de un registro oficial de reclamaciones a disposición de las familias, la directora reconoció carecer del mismo: "Registro oficial como tal no tenemos", admitió. Para suplir esta carencia, la responsable argumenta que han implantado un cartel en el panel de información dirigido a los usuarios para canalizar sugerencias o preguntas, asegurando que están "siempre abiertos a poder dar respuesta". Sin embargo, esta admisión contrasta frontalmente con la normativa vigente en Cataluña. Por ley, todos los establecimientos que prestan servicios a los consumidores, y muy especialmente los centros de servicios sociales como los geriátricos, están obligados a disponer de hojas oficiales de queja y reclamación estandarizadas y a exhibir un cartel visible anunciando su disponibilidad. La ausencia de este cauce administrativo dificulta que las denuncias de los familiares queden legalmente registradas y sean remitidas a las autoridades competentes para su correspondiente fiscalización.
Transparencia frente a la denuncia de la familia
La familia sostiene que el ambiente en el centro roza la "coacción", afirmando que a los residentes se les prohíbe sentarse en la entrada durante las visitas para evitar que relaten quejas. Aseguran que se les hace bullying y se les amenaza con quedarse sin casa o "ponerles las maletas en la puerta" si hablan mal de la residencia. Ante esto, pretenden frenar lo que consideran un abuso intolerable hacia personas vulnerables, advirtiendo que varias familias están buscando plaza urgentemente para sacar de allí a sus mayores.
En contraste, la dirección del geriátrico abre sus puertas y pide calma. La directora defiende que la última inspección de la Generalitat, realizada en el mes de octubre, se superó sin recibir ninguna respuesta negativa a la documentación aportada.