La Fundación FIL denuncia la persistencia del estigma en la integración laboral de la salud mental

Jordi Minguito reclama "confiar y escuchar" a los trabajadores y lamenta que el certificado de discapacidad siga cerrando puertas a la promoción

Personas hablando en el acto de la FIL

Ayer, sábado 11 de octubre, el Auditorio de la Casa de Cultura de Olesa de Montserrat acogió una jornada dedicada a la salud mental, organizada por las entidades FIL y Ocell de Foc. El acto, que contó con la participación de profesionales de la salud, la educación, el mundo laboral y jóvenes que han vivido el malestar en primera persona, sirvió para dialogar abiertamente sobre una realidad que afecta a una de cada cuatro personas a lo largo de su vida.

La jornada comenzó con la lectura del manifiesto del Día Mundial de la Salud Mental por parte del alcalde de Olesa de Montserrat, Marc Serradó, quien estuvo acompañado por el alcalde de Esparreguera, Juan Jurado, y otros representantes institucionales.

Alcalde Marc Serradó

Un diagnóstico compartido desde la comunidad

Marc Serradó inició su intervención destacando que la salud mental es un tema que interpela a toda la sociedad. Subrayó la importancia de los determinantes sociales, como el acceso a la vivienda, las perspectivas de futuro o la exposición a la violencia, en el bienestar emocional de las personas. "Sabemos que no hay recuperación sin comunidad y que no hay resiliencia sin acompañamiento", afirmó, poniendo en valor la acción colectiva como herramienta fundamental.

La mesa redonda, moderada por la psicóloga Irene Álvarez, profundizó en esta visión desde diferentes ámbitos. Patricia Cano, psicóloga del CSMIJ de Martorell, relató un "aumento exponencial" de las consultas tras la pandemia, especialmente en casos de depresión, ansiedad y trastornos de la conducta alimentaria. Además, señaló que la demanda se ha diversificado. Y es que ya no se trata solo de trastornos clínicos, sino también de malestares relacionados con "relaciones familiares, de amistad, de pareja", la autoestima, el vacío existencial o el estrés laboral.

El eco del malestar en las aulas

El contexto educativo fue uno de los puntos centrales del debate. Las orientadoras Sònia Romero y Ampar González, del Institut Creu de Saba, describieron una realidad en las aulas marcada por la ansiedad y la angustia. "Vemos miradas. Después nos damos cuenta de jóvenes que en casa están sufriendo muchísimo", relataba Romero. Las profesionales apuntaron a una falta de herramientas para gestionar la frustración y la incertidumbre, una situación que se ha acentuado a raíz de la pandemia y que a menudo deriva en autolesiones o conductas de evasión.

Por su parte, Marta Cercadillo e Imma Napol, del Institut Daniel Blanxart, explicaron su experiencia en la formación postobligatoria. En su caso, trabajan con alumnado que a menudo arrastra vivencias negativas de la etapa anterior. Según explicaron, el centro se convierte en un "refugio de seguridad" donde todos esos malestares "comienzan a florecer" y, a partir de ahí, pueden empezar a trabajarlos.

Marta Costell y Jordi Minguito, de izquierda a derecha

La inserción sociolaboral y la lucha contra el estigma

Desde la Fundació FIL, su director, Jordi Minguito, aportó una perspectiva crítica sobre la integración laboral de las personas con problemas de salud mental. Fue muy claro en su análisis: "hemos cambiado mucho el vocabulario respecto al colectivo, pero a nivel de actitud o de percepción no nos distanciamos demasiado de hace dos o tres décadas".

Minguito denunció que el estigma sigue presente, incluso entre profesionales del sector, y que un certificado de discapacidad a menudo se convierte en una etiqueta que cierra puertas. Puso ejemplos concretos, como el hecho de que todavía se trate de "chavales" a trabajadores de 57 años o las reticencias que genera la promoción de una persona con certificado a un cargo de responsabilidad. Por todo ello, reivindicó la necesidad de "confiar, escuchar y ver con quién estamos, qué puede hacer y con qué le podemos ayudar, como haríamos con cualquier otro compañero".

Alcalde de Esparreguera, Juan Jurado, a la izquierda

La voz de los jóvenes: "Aún queda mucho por recorrer"

La parte más humana de la jornada llegó con el testimonio de los jóvenes. Marta Romero reconoció que, aunque se avanza en la visibilización, "aún hay mucho estigma y muchos prejuicios". Habló del miedo a ser percibidos como "débiles" o de la tendencia a callar para no preocupar al entorno.

Albert Romió, por su parte, compartió su propia experiencia. "Sí que me ha pasado", admitió en referencia a la decisión de no explicar cómo se sentía, "desconozco si es porque soy una persona a la que le gusta gestionar las cosas por mí mismo o por miedo a cómo pueda reaccionar o a preocupar a la gente". Sea como sea, concluyó que lo más importante es "encontrar a la persona con quien hablar y que te pueda ayudar".

Finalmente, ante la pregunta de cómo les gustaría que su entorno reaccionara, la respuesta de Marta fue sencilla y directa, resumiendo el sentir de la jornada: "Lo que esperaría, yo creo que todos, es sentirnos escuchados, queremos empatía, queremos paciencia".