El grito de desesperación de un vecindario que se siente abandonado por el Ayuntamiento: "No parecemos vecinos de Olesa"
Residentes del entorno de la calle Robiroles denuncian 20 años de calles de tierra, oscuridad absoluta y el riesgo "extremo" de cruzar la carretera sin paso de peatones ni semáforo
El Ayuntamiento de Olesa debería garantizar unos servicios e infraestructuras equitativas para todos, pero hay rincones del municipio que parecen haber quedado congelados en el tiempo. Esta es la realidad que describen los residentes del entorno de la calle Robiroles, concretamente en la zona próxima a la Residencia Sant Agustí. Y es que, según relatan los vecinos a nuestro medio, la situación de degradación es tan evidente que les ha llevado a sentirse ciudadanos de segunda.
Tras meses viviendo en la zona y de haber "caminado por todo el pueblo, incluso urbanizaciones como Rives Blaves", un afectado asegura no haber visto "unas calles en peor estado que las nuestras". Una situación que, según los vecinos que conforman este núcleo de casas, lleva denunciándose más de 20 años sin éxito.
Calles de tierra y oscuridad absoluta
La principal queja se centra en el estado del pavimento de las tres vías que conforman la zona. Lejos del asfaltado convencional, el suelo parece estar hecho de "hormigón puesto hace siglos", supuestamente colocado en su momento para permitir un tránsito mínimo. La situación se agrava en un tramo que desemboca en la calle Francesc Monné —una vía que, por contraste, está "perfectamente asfaltada"— donde la calle se convierte directamente en "un camino de tierra", a pesar de disponer de señalización de ceda el paso y alcantarillado.
Además, el mantenimiento es deficiente: hay una arqueta de agua que "si pasas un poco más rápido con el coche se levanta". Este deterioro va acompañado de una falta total de alumbrado público. Tal como describen los residentes, "no tenemos farolas", hecho que les obliga a instalar puntos de luz en sus propias fachadas "para que se vea un poco". Hasta ahora, la oscuridad es la norma cuando cae la noche.
Seguridad vial comprometida
La preocupación vecinal va más allá de la estética o la comodidad; afecta directamente la seguridad física. El mencionado semáforo situado al lado de la residencia "sigue sin funcionar" y, lo que es peor, no hay "un paso de cebra pintado".

Cruzar la carretera en este punto se describe como una maniobra de alto riesgo. "Es casi un suicidio", aseguran, señalando que la carretera hace curva a ambos lados, lo que reduce la visibilidad mientras los coches llegan "rápiditos". La inquietud por el futuro es palpable: "No me imagino siendo mayor si podré cruzar", lamenta el vecino, recordando que aún es joven pero consciente del peligro para la gente mayor de la zona.
Servicios deficientes y sentimiento de exclusión
Por otra parte, la gestión de residuos también genera malestar. El servicio de recogida es esporádico, pasando "una o dos veces como mucho", y se han dado casos en los que "restos de cerámica" han permanecido junto a los contenedores durante dos meses.

Todo esto sucede a pesar de que el Ayuntamiento tiene constancia de la existencia de este núcleo, ya que posee una parcela cerrada en la zona que "vienen a podar alguna vez durante el año". Los vecinos sienten que se les ignora deliberadamente. "Supongo que 6 casas no dan suficientes votos y se nos ningunea", sentencian con resignación.
Por lo visto, la falta de un plan urbanístico claro o de intenciones de mejora no los exime de sus obligaciones fiscales. Los vecinos recuerdan que pagan el IBI y los impuestos "igual que el resto de habitantes del pueblo", pero el retorno que reciben es nulo, hasta el punto de afirmar con dureza: "No parecemos vecinos de Olesa".
NOTA: El Ayuntamiento de Olesa de Montserrat se niega a colaborar con los medios críticos, lo que hace imposible obtener su versión de los hechos.