El ADN de la memoria: los análisis científicos buscan dar una respuesta definitiva a las familias de las víctimas olesanas de la Guerra Civil

Los trabajos de secuenciación genética permitirán poner nombre a las víctimas del Cementerio Viejo, una reparación histórica que coincide con la ofensiva de Educació para intentar frenar el avance de la derecha entre los más jóvenes

Marc Serradó homenajeando a las víctimas de la Guerra Civil | Ajuntament d'Olesa

Sepultados bajo la tierra del Cementerio Viejo de Abrera desde el invierno de 1939, quince cuerpos de víctimas de la Guerra Civil acarician por fin la posibilidad de recuperar su identidad. La Generalitat, inmersa en la fase de secuenciación genética tras las recientes exhumaciones, fía a los laboratorios la resolución de un enigma histórico que persigue a decenas de familias.

«Contamos con un número importante de familias que han aportado su ADN», detalla Xavier Menéndez. El director general de Memoria Democrática, plenamente consciente del desgaste emocional de los descendientes, prevé obtener resultados concluyentes en los próximos meses.

Homenaje a las víctimas
Homenaje a las víctimas | Ajuntament d'Olesa

El objetivo del Ejecutivo autonómico es meridiano. Se busca retornar los restos mortales a sus hogares para que los allegados decidan dónde deben reposar y, de este modo, logren clausurar un luto asfixiante e intergeneracional.

El escudo en las aulas frente a la desafección juvenil

Acicateada por el auge de los discursos que cataloga de «extrema derecha» en Europa, la administración prepara una intervención directa en el sistema educativo. Lourdes Borrell, diputada delegada de la Diputación de Barcelona, anunció este viernes un inminente acuerdo con el Departament d'Educació para blindar la transmisión histórica en los institutos.

«La memoria no es un gesto del pasado, es una responsabilidad del presente», advirtió Borrell durante el acto institucional celebrado en Olesa de Montserrat. La dirigente busca proporcionar herramientas sólidas a los docentes para fomentar el espíritu crítico entre los adolescentes y frenar la intolerancia.

Alertado por el calado de la antipolítica entre los más jóvenes, Menéndez instó a las instituciones a enarbolar el Mai més —el histórico lema de los supervivientes de Mauthausen— como grito de resistencia democrática.

Dieciséis adoquines para combatir la amnesia

Este esfuerzo institucional por documentar el pasado cristalizó en la plaza de Fèlix Figueras i Aragay de Olesa, donde el municipio rindió homenaje a sus dieciséis vecinos deportados a los campos de exterminio nazis. El tributo, que arrancó con la melodía del Cant dels ocells, giró en torno a las Stolpersteine, los pequeños bloques de hormigón coronados con latón que obligan al viandante a detener el paso.

Asistentes en el acto
Asistentes en el acto | Ajuntament d'Olesa

«Para sus verdugos eran solo un número, pero hoy, como pueblo, les devolvemos su nombre y su historia», proclamó Marc Serradó. El alcalde, firme defensor de limpiar el nomenclátor local de vestigios dictatoriales, rechazó frontalmente la banalización del fascismo.

Durante la jornada se presentó además el noveno volumen de los "Quaderns d'Olesa". Esta investigación biográfica aporta contexto y dota de rostro a los republicanos locales que padecieron las atrocidades del Tercer Reich.

El minucioso trabajo a pie de fosa

Paralelamente al homenaje, el tejido asociativo comarcal se reunió en la población vecina para celebrar el Pleno anual de la Red Democrática del Baix Llobregat. En este foro, Xavier Rota, concejal olesano de Memoria Histórica, diseccionó las complejas labores arqueológicas acometidas en el cementerio de Abrera.

La intervención de Rota pormenorizó los fusilamientos perpetrados entre el 19 y el 21 de febrero de 1939, ensalzando la persistencia inquebrantable de los familiares en la búsqueda de la verdad.

«Nosotros conocimos al hombre como quizás antes no lo había hecho ninguna otra generación», citó el alcalde Serradó, rememorando las palabras del psiquiatra y superviviente del Holocausto Viktor Frankl para sellar el acto.