El líder de Junts en Olesa dinamita las expectativas de sus votantes: "Se creen que podemos cambiar cosas, pero no podemos hacer nada"
El portavoz local admite su nula capacidad de influencia política mientras la formación de derechas, con solo dos concejales, mantiene la alcaldía tras pactar para apartar al PSC
Completamente desvinculado de la política de altas esferas y minimizando su propio peso institucional, el portavoz de Junts per Olesa, Domènec Paloma, ha dinamitado la premisa básica de la representación ciudadana. A principios de este mes de febrero, en unas inusuales declaraciones públicas, el edil admitió abiertamente la inoperancia de su grupo a la hora de influir en las políticas estructurales que afectan al vecindario. «Se creen que nosotros podemos ir allí a decirles y que cambien cosas; pues no, nosotros no podemos cambiar nada», espetó el político local, reduciendo su papel de fiscalización a la pura irrelevancia representativa.
La aritmética de Olesa: gobernar desde la minoría
Esta confesión de impotencia choca frontalmente con la realidad del tablero municipal. Paloma, que junto a Ferran Cerdeira conforma el tándem de concejales de la formación en la localidad, ostenta actualmente una de las llaves de la gobernabilidad tras haber pactado y dado soporte al actual equipo de mando.
Las estadísticas de las elecciones municipales de 2023 muestran como Junts operó como juez pese a sus escasos apoyos. Con una participación del 52,19% del censo, el PSC se alzó con la victoria al aglutinar el 26,4% de los sufragios y lograr 6 representantes. Le siguieron de cerca el Bloc con otros 6 ediles (22,69%) y ERC con 4 (17,96%). Junts, relegada a la cuarta fuerza territorial con un exiguo 8,99% de los votos y apenas 2 actas sobre un total de 21 electos en el municipio, optó por articular una alianza que apartó a la lista más votada. El resto del arco quedó fragmentado entre PP (7,27%), Comú Podem (7,17%) y Cs (7,1%), con un representante cada uno.
«Tenemos plena independencia con nuestras decisiones en el pueblo de Olesa», justificó el portavoz durante su intervención para blindar su jurisdicción. Una autonomía que, a la luz de sus propias palabras y ante normativas superiores, no se traduce en soluciones o presión real frente a las altas esferas.
Cortinas de humo en pleno declive autonómico
El desapego del líder municipal hacia las directrices del Congreso de los Diputados o del Parlament se enmarca en un contexto de asfixia demoscópica para la vieja guardia convergente. Apenas un mes después de cumplirse diez años de la primera investidura de Carles Puigdemont, la formación atraviesa una severa sequía en su caladero de votos tradicional, cayendo a mínimos históricos en Cataluña y perdiendo tracción constante, tal y como reflejan los sondeos políticos de este arranque de 2026.
Lejos de asumir el desgaste o plantear una estrategia de contrapeso frente a los pactos de la cúpula, Paloma opta por distanciarse de las maniobras de su propia matriz. «Este juego de la política es puro chantaje para cerrar cortinas de humo y problemáticas del mismo gobierno», zanjó el concejal al ser cuestionado sobre las alianzas nacionales de Junts. El representante acusó directamente al Ejecutivo central de utilizar debates legislativos para ocultar la falta de inversión, «la crisis ferroviaria y el caos de Rodalies».
El mármol por encima del debate
La falta de ambición política exhibida por el dirigente contrasta con su hiperactividad ante los daños estéticos. Tras sufrir su sede unos actos vandálicos —con pintadas que aludían directamente a los desahucios y a la postura de Junts en las recientes votaciones en el Congreso—, el representante esquivó el fondo de la protesta para centrar su discurso en la anécdota material.
«Estuve cuatro horas allí limpiando», concluyó Paloma, priorizando el estado de la fachada de su sede por encima de articular una respuesta política ante el clamor ciudadano por el derecho a la vivienda.