Los ciudadanos somos los líderes de la democracia, los políticos nuestros servidores

La democracia, en su forma más pura y ambiciosa, es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo

El pueblo soberano / OlesaMèdia

En el sistema democrático, la soberanía recae en la ciudadanía. Esta es la base sobre la que se construye nuestra convivencia y, por lo tanto, los políticos existen para trabajar al servicio del pueblo.

Este texto no pretende ser un artículo informativo convencional, sino una crónica de fondo, un viaje introspectivo y editorial sobre el corazón de nuestra democracia local, nuestro papel como ciudadanos y la verdadera naturaleza del poder. Y es que, en medio del trasiego cotidiano, de las informaciones que van y vienen, hay una verdad fundamental que a veces se difumina: la ciudadanía es la base del liderazgo colectivo, y nuestros representantes políticos son, en esencia, nuestros servidores públicos.

Ejemplos recientes del debate público en Olesa

Recientemente, diversas cuestiones locales han centrado la atención y han reflejado las inquietudes expresadas públicamente por algunos vecinos y colectivos de Olesa de Montserrat. Estos casos, que han tenido eco mediático, sirven para ilustrar la importancia de la comunicación entre la ciudadanía y la administración.

Solo hace falta echar un vistazo a las noticias publicadas en Teleolesa para contextualizarlo. Hemos sido testigos de cómo un vecino denunció la presunta inacción del Ayuntamiento ante un conflicto con Tir Arc Olesa, una situación que ocupó el debate público. Las preocupaciones ciudadanas también se han dirigido hacia el estado de las infraestructuras de nuestro pueblo, como la situación del lago del Parc d'Olesa, un espacio verde que ha sido objeto de quejas vecinales.

Igualmente significativo ha sido el caso de las 16 familias olesanas que alzaron la voz para solicitar ayuda inmediata al consistorio y plantearon dudas sobre la gestión de ciertos informes.

Estos casos, documentados por Teleolesa, son ejemplos de situaciones en las que la ciudadanía ha sentido la necesidad de expresar públicamente su desacuerdo o preocupación. Y es que la distancia entre la administración y el ciudadano, cuando se ensancha, puede alimentar percepciones de frustración y desconexión que merecen atención y reflexión.

Redefiniendo la democracia: dónde radica el verdadero liderazgo

La democracia es, en su expresión más pura, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es un ideal potente. Pero, ¿qué sucede cuando la percepción popular se aleja de ese ideal? ¿Cuando los ciudadanos sentimos que nuestras voces no llegan con la intensidad necesaria o que las decisiones importantes se toman sin una verdadera implicación ciudadana? Es en ese punto donde hay que detenerse y preguntarse: ¿dónde reside el poder real en una democracia?

La respuesta, aunque a veces parezca olvidada, es clara: en la ciudadanía. Somos nosotros quienes, con nuestro voto, investimos de confianza a unos representantes. Estos, una vez elegidos, asumen la responsabilidad de gestionar nuestros recursos y de trabajar por el bien común. Son, por definición, servidores públicos. Su función se parece más a la de facilitadores o gestores, personas encargadas de materializar las aspiraciones y necesidades de la comunidad.

La concepción de un político como un líder por derecho propio, una figura que se sitúa por encima del resto, plantea un debate sobre la jerarquía fundamental de la democracia. Un político, cuando se presenta ante los ciudadanos, lo hace con la promesa de servir. La política, en su esencia, debería ser un acto de servicio.

De hecho, estudios sobre la calidad democrática en España muestran una realidad compleja. El informe "La calidad de la democracia en España" de la Fundación Alternativas ha señalado una tendencia a la baja en la confianza ciudadana hacia las instituciones. Según datos del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la desconfianza hacia los partidos políticos ha sido una constante. Este dato empírico ilustra la necesidad de un cambio de paradigma en la relación entre la ciudadanía y la clase política.

Esta pérdida de confianza se acentúa cuando los ciudadanos perciben que sus representantes están más enfocados en su imagen o en intereses particulares que en resolver los problemas reales. La transparencia y la rendición de cuentas son pilares de cualquier democracia sana que, si fallan, erosionan la base de la legitimidad.

El instinto ciudadano como brújula del servicio público

Vivimos en un tiempo en que la información fluye a gran velocidad, pero en el que también abundan los mensajes superficiales. Es comprensible que muchos ciudadanos se sientan desilusionados y que la palabra "político" genere escepticismo. La tentación de pensar que "no hay nada que hacer" es una trampa que nos debilita como colectivo. Y es que, precisamente en esa desafección, radica uno de los peligros para nuestra democracia.

En lugar de discursos elaborados, la ciudadanía puede valorar hechos y resultados tangibles. Un partido que realmente quiere servir al pueblo puede demostrarlo con su acción concreta, incluso antes de ser votado. La motivación detrás de la acción política debería ser el servicio público.

Por otra parte, según datos de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), los salarios de los alcaldes varían notablemente. Para municipios del tamaño de Olesa (con una población que ronda los 24.000 habitantes según el Idescat 2024), las retribuciones máximas establecidas por ley pueden ser elevadas, a menudo acercándose o superando los 60.000 euros anuales para alcaldes con dedicación exclusiva. Esta realidad salarial, en un contexto donde el salario medio en Cataluña en 2023 se situó alrededor de los 27.000 euros brutos anuales según el INE, podría plantear reflexiones sobre la remuneración de los cargos públicos.

La vocación auténtica por el servicio y la humildad deberían ser los motores de la acción política. Un compromiso real con la comunidad puede ser un motor de cambio, capaz de materializar proyectos por el bienestar colectivo y el progreso del pueblo.

De la pasividad a la acción constructiva

Es natural sentir que el proceso de participación ciudadana es complejo. Este sentimiento, a menudo fruto de la inercia, es comprensible. Un estudio de 2022 del Centro de Estudios de Opinión (CEO) sobre participación ciudadana ya indicaba que un porcentaje significativo de la población catalana siente que los mecanismos de participación son poco efectivos o demasiado complicados.

Es aquí donde Teleolesa quiere ser una herramienta útil. Cada pequeño gesto, cada pregunta formulada, cada instancia presentada, constituye un acto de empoderamiento. La ciudadanía puede ejercer ese papel de guardiana de la democracia local.

Para ello, existen herramientas a nuestro alcance que, utilizadas de forma constante, pueden contribuir a un mayor control democrático:

  • Instancias administrativas: La ciudadanía tiene el derecho de pedir información al Ayuntamiento. Legalmente, la administración está obligada a responder en un plazo máximo de un mes. Este derecho se fundamenta en la Ley 19/2013, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, y la Ley 29/2010, del uso de los medios electrónicos en el sector público de Cataluña. Es un derecho que permite fiscalizar, pedir explicaciones y sugerir mejoras. Esta gestión se puede realizar a través de la Oficina de Atención Ciudadana (OAC) virtual: https://seu-e.cat/ca/web/olesademontserrat/tramits-i-gestions.

  • El tablón de anuncios municipal: Para conocer qué sucede en el Ayuntamiento, el tablón de anuncios electrónico es una fuente de información de acceso libre. Según la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común, los anuncios publicados aquí tienen plena validez legal. Es accesible desde aquí: https://tauler.seu-e.cat/inici?idEns=814770005. La información es el primer paso para poder formar un juicio propio.

El control ciudadano como garantía democrática

La ciudadanía tiene el derecho de cuestionar aquello que no funciona. Es una responsabilidad cívica. El principio de rendición de cuentas se aplica a todos los niveles de la administración. Los ciudadanos tienen derecho a esperar que la gestión pública se rija por los principios de mérito, capacidad y un servicio eficiente, tal como establece la legislación vigente, como el Estatuto Básico del Empleado Público (EBEP).

Cuando un ciudadano detecta que una administración o una figura pública podría haber actuado de manera inadecuada, existen mecanismos para pedir explicaciones. Si hace falta, se puede recurrir a instancias superiores, como la Generalitat de Catalunya o la Sindicatura de Greuges de Catalunya, una institución que actúa como defensora de los derechos ciudadanos. Estos recursos públicos sirven para garantizar que la democracia funcione. El control ciudadano es uno de los antídotos más efectivos contra la mala gestión y la ineficacia.

El presente conjunto como base del futuro

En Teleolesa, nuestra misión es informar a la ciudadanía, fomentar el pensamiento crítico y proporcionar herramientas para una democracia participativa. La búsqueda de información diversa y la reflexión son ejercicios saludables para cualquier sociedad. La información no es solo poder; es libertad intelectual.

La polarización puede debilitar la comunidad, pero es importante recordar que la soberanía local reside en el conjunto de la ciudadanía de Olesa. El ciudadano es el depositario de esa soberanía, y los funcionarios son servidores públicos, remunerados con los impuestos de todos. La coordinación vecinal, dejando de lado las diferencias ideológicas cuando lo que une es la voluntad de mejorar el pueblo, puede ser una fuerza transformadora. El pensamiento abierto, la empatía y la unión ciudadana son herramientas para construir un futuro mejor para todos.

La democracia no es solo un derecho a ejercer cada cuatro años; es una responsabilidad activa, una tarea que nos implica a todos cada día. La participación ciudadana es clave para una Olesa más justa, transparente y cercana a las necesidades reales de nuestra gente.

NOTA: Esta crónica pertenece al género de opinión y refleja exclusivamente la visión editorial de Teleolesa sobre la democracia local. Su objetivo es la reflexión y el análisis crítico. Como pieza de opinión, es importante destacar que existen múltiples enfoques y perspectivas sobre la cuestión, y la información presentada se utiliza como apoyo a la tesis del autor.

Antonio Retamero

Periodista especializado en política, actualidad, sucesos y sociedad. Se encarga de la cobertura informativa diaria, la redacción de noticias y el seguimiento de temas de interés público.

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