La antigua estación de Renfe de Olesa de Montserrat

Abandonada hace décadas y demolida en 2005, la histórica parada de la R4 a tres kilómetros del pueblo es hoy un recuerdo desvanecido entre el bosque y las vías

Tren pasando por la clausurada estación de Olesa en junio de 2004 / Bernat Borràs (trenscat.com)

El paso del tiempo tiene una manera particular de reescribir el paisaje. A veces lo hace con la furia de una excavadora; otras, simplemente, con la ausencia. Por los alrededores del punto kilométrico 324,8 de la línea ferroviaria que une Zaragoza con Barcelona, entre los términos de Viladecavalls y Vacarisses, hay un lugar que condensa estas dos realidades. Es el espacio que un día ocupó la estación de Renfe de Olesa de Montserrat, un enclave que nació con vocación de ser ventana al mundo y que hoy es sólo un paréntesis en el trayecto.

Y es que, actualmente, los convoyes de la R4, en su trayecto vital entre Sant Vicenç de Calders y Manresa, pasan directos, sin detenerse, con la prisa que exige la rutina. Los pasajeros que miran por la ventana quizás sólo ven un instante de bosque y vías que se bifurcan ligeramente, pero nada que indique que allí, décadas atrás, había un edificio de viajeros, un muelle de mercancías y un depósito de agua que daba vida a las antiguas locomotoras de vapor.

Donde había estado el muelle de mercancías actualmente ya no queda nada / Bernat Borràs (trenscat.com)

Un nacimiento alejado del pueblo

La historia de esta estación comienza en el siglo XIX, con el despliegue de la poderosa línea de la compañía Norte (posteriormente Renfe), destinada a conectar la capital catalana con Manresa, Lleida y Zaragoza. Para Olesa de Montserrat, la llegada del ferrocarril fue un hito, pero con matices. La estación se construyó en un punto geográficamente complejo, marcado por la proximidad del macizo de Montserrat y los torrentes, lo que obligó a situarla a unos tres kilómetros del núcleo urbano.

A pesar de la distancia, durante décadas fue la única conexión ferroviaria de la villa. Vio pasar mercancías, acogió viajeros que, cargados de equipaje, tenían que hacer el largo trayecto a pie o en carro hasta el pueblo, y fue un punto estratégico en una línea vital. Cerca de ella, además, se eleva el imponente viaducto de Olesa, también conocido como el de Boixadell, una de las obras de ingeniería más notables de la época en Cataluña, testigo mudo de la importancia del lugar.

Doble composición de 447 dirección Terrassa pasando por el viaducto de Olesa (agosto 2004) / Bernat Borràs (trenscat.com)

La competencia que marcó el fin

El destino de la estación de Renfe empezó a cambiar, paradójicamente, con la llegada de más progreso. En 1922, los Ferrocarriles de la Generalitat de Cataluña (FGC) inauguraron su propia línea, y lo hicieron con una ventaja decisiva: su estación (Olesa-Vila) estaba situada en pleno núcleo urbano. La comodidad ganó la partida.

Por otra parte, la estación de vía ancha, la "de arriba", comenzó un lento declive. Su lejanía la hacía poco práctica para el día a día de los olesanos. Fuera como fuera, fue perdiendo pasajeros de manera progresiva. Durante un tiempo, fue rebajada a la categoría de apeadero, una parada casi facultativa donde el tren solo se detenía si alguien lo solicitaba o si el maquinista veía a alguien en el andén.

Tren saliendo hacia Viladecavalls, Terrassa, Barcelona y Martorell (junio 2005) / Bernat Borràs (trenscat.com)

El cierre y el borrado de la historia

Finalmente, durante la década de los noventa del siglo XX, se tomó la decisión inevitable. Renfe clausuró la estación al servicio de viajeros. El silencio, que ya se había ido adueñando de los andenes, se hizo definitivo.

Pero la estación no solo murió por ausencia; también lo hizo físicamente. Las instalaciones, ya sin uso, comenzaron un proceso de degradación. El antiguo edificio de viajeros, que había visto tantas idas y venidas, se fue derrumbando. El muelle de mercancías, donde antes se apilaban materiales, corrió la misma suerte. Según relatan las crónicas y las imágenes de la época, alrededor de 2005 las excavadoras acabaron el trabajo. El edificio de viajeros y el muelle fueron demolidos. Incluso el antiguo depósito de agua, que aún resistía en pie en noviembre de 2003, desapareció.

Entorno boscoso para el tren en la salida de Olesa dirección Terrassa (junio 2005) / Bernat Borràs (trenscat.com)

El presente: Un corredor ferroviario activo

Hoy, quien se acerque al lugar no encontrará maleza entre las vías. Las dos vías generales están perfectamente mantenidas, y es que la línea R4 es uno de los ejes con más tráfico de Rodalies. Los trenes de la serie 447, y otros convoyes de mercancías como los antiguos trenes salineros hacia Flix, siguen pasando a toda velocidad.

De la estación, sin embargo, no queda prácticamente nada. Los andenes laterales aún se intuyen, despojados, y en uno de ellos, hace años, aún se podía ver un curioso detalle pintado en el suelo: el punto exacto de parada de una unidad de tren, un fantasma de señalización.

El paisaje boscoso que rodea el lugar, especialmente en la salida hacia Terrassa, ofrece una belleza serena, casi bucólica. Es un lugar donde la historia ferroviaria y el olvido conviven a pocos metros. Los convoyes pasan, el ruido de hierro contra hierro rompe la quietud del bosque durante unos segundos, y después vuelve el silencio. Un silencio que recuerda que, un día, allí hubo una estación.

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Antonio Retamero

Periodista especializado en política, actualidad, sucesos y sociedad. Se encarga de la cobertura informativa diaria, la redacción de noticias y el seguimiento de temas de interés público.

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