El Ayuntamiento de Olesa instala ventiladores en las aulas: una solución rudimentaria y desigual que genera nuevos problemas
Esta solución, que no reduce la temperatura y se limita a mover el aire, genera un ambiente ruidoso y una distribución desigual del alivio entre el alumnado
El verano de 2025 se despide, pero el recuerdo de su intensa calor todavía está presente en las aulas de Olesa de Montserrat, que inician un nuevo curso. Este año, el inicio de las clases viene acompañado de un nuevo sonido de fondo: el zumbido de los ventiladores que el Ayuntamiento ha instalado en las paredes de los centros públicos. Presentada como una medida para mejorar el bienestar ante las olas de calor, su implementación invita a un análisis más profundo. Más allá del alivio inmediato que puedan ofrecer, surgen preguntas clave sobre su efectividad real, los inconvenientes que generan y si representan una solución de fondo o una respuesta temporal a un problema estructural.
Crónica de una necesidad anunciada
Lo más sorprendente de todo es que esta solución, tan rudimentaria como parece, era una de las más demandadas. Nos muestra hasta qué punto la urgencia ha rebajado las expectativas de la comunidad educativa. La concejala de Educación y Infancia, Anna Valero, lo confirmaba: la instalación de ventiladores era “una de las principales demandas de los centros, de la comunidad educativa y de las asociaciones de padres y madres”. Ya no se habla de climatización integral, un proyecto estructural y costoso; ahora, la prioridad es, simplemente, mover el aire.
Pero la historia tiene más matices. La ayuda municipal destinada a este fin no era finalista, es decir, cada centro tenía libertad para decidir cómo invertirla. Y aquí radica un dato revelador que la propia concejala admitió: “En algunos casos los centres han decidido destinar este recurso a otras prioridades”. Una confesión que demuestra que, incluso con el dinero en la mano, la lucha contra el calor no era la batalla más urgente para todos, haciendo más compleja una decisión aparentemente sencilla.
La realidad del aula: brisa para unos, conflictos para otros
Pero, ¿qué ocurre cuando esos ventiladores se encienden dentro de una clase con más de veinte alumnos? La realidad se convierte en un rompecabezas difícil de resolver. Desde este medio hemos hablado con docentes, que nos han explicado cómo la brisa, lejos de ser un bálsamo universal, se distribuye de manera desigual, creando una nueva fuente de conflictos. Como los aparatos están instalados en las paredes y no en el techo, su alcance es limitado. Esto no solo genera una injusticia climática dentro de la misma aula, sino que abre la puerta a nuevos problemas de convivencia. ¿Qué impide que la lucha por sentarse cerca de la corriente de aire se convierta en una nueva fuente de disputas entre alumnos? O, peor aún, que un docente, con toda la buena intención, utilice esos lugares privilegiados como premio, generando un agravio comparativo insostenible. La solución podría haber sido otra: grandes ventiladores de techo que repartan la brisa de forma más equitativa y eviten convertir el confort en un privilegio.
A esta lotería espacial se suma una cuestión de física básica: un ventilador no enfría, solo remueve el aire. En plena ola de calor, con temperaturas que superan los 30 grados, el efecto puede ser incluso contraproducente. Y por si no fuera suficiente, aparece el factor acústico. La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que el ruido de fondo en las aulas no debería superar los 35 decibelios (dB). Un ventilador común, sin embargo, emite entre 40 y 60 dB, superando con creces el umbral recomendado. Pero el problema no es solo de confort, sino de salud y de inclusión. Para un alumno con mayor sensibilidad sensorial, ese zumbido constante no es una simple molestia, sino una barrera que puede generar estrés y bloquear por completo su capacidad de concentración. Una cifra que, multiplicada por varios aparatos funcionando a la vez en la misma aula, convierte el aprendizaje en una carrera de obstáculos acústica.
El coste invisible de una solución temporal
Y si los argumentos pedagógicos no fueran suficientes, aparece otro, igualmente incómodo: el coste energético. En un mundo donde el precio de la electricidad fluctúa y la sostenibilidad ya no es una opción sino una obligación, llenar las escuelas de ventiladores parece un paso en la dirección contraria. Según datos de CHC Energía, un solo ventilador puede consumir entre 50 y 100 vatios por hora. Si multiplicamos esta cifra por decenas de aulas durante toda la jornada lectiva, el resultado es una factura eléctrica que crece sin que la temperatura baje realmente, un gasto añadido que pone en duda la viabilidad de este modelo a largo plazo.
Más allá del zumbido: la mirada a largo plazo
Hay que ser justos, sin embargo. No todo son soluciones temporales. En paralelo, el Ayuntamiento también impulsa actuaciones que sí atacan la raíz del problema. El ejemplo más claro es la reforma que se ha iniciado en la escuela Mare de Déu de Montserrat. Estas obras, ejecutadas por la Generalitat, incluyen la renovación de la cubierta, falsos techos e iluminación. Según Valero, son trabajos que “estaban previstos a largo plazo” y que se han conseguido adelantar. Esta es la línea de trabajo estructural, la que contrasta con la inmediatez de los ventiladores y que apunta a una solución real.
La instalación de ventiladores en las escuelas de Olesa es, en el fondo, el síntoma de un problema mucho más profundo: la falta de un plan ambicioso para adaptar nuestras infraestructuras a una emergencia climática que ya no avisa. Mientras llegan las inversiones estructurales, lentas y costosas, la comunidad educativa busca aire, aunque sea removido y ruidoso. La pregunta, pues, suena tan fuerte como el zumbido de los ventiladores: ¿estamos poniendo un parche para aguantar un verano más, o estamos empezando a construir escuelas preparadas para el futuro que ya está aquí?
NOTA: Esta crónica pertenece al género de opinión y puede reflejar la visión editorial de Teleolesa sobre el tema tratado. Su objetivo es la reflexión y el análisis crítico de las acciones del Ayuntamiento de Olesa de Montserrat. Como pieza de opinión y análisis, es importante destacar que existen múltiples enfoques y perspectivas sobre la cuestión, y la información presentada (incluidos los datos estadísticos) se utiliza como soporte de la tesis editorial del autor.
Fuentes de verificación
- Article de l'Ajuntament d'Olesa Gubernamental
- Guidelines for community noise (OMS) Gubernamental
- Article de CHC Energía Gubernamental