El pasado extremista que la concejala de feminismo de Olesa intentó borrar
La concejala arremetió contra personas queer, transexuales, trabajadoras sexuales y hombres
En Teleolesa, siempre hemos creído que el periodismo es un camino que hay que recorrer con los ojos bien abiertos, navegando por la historia sin miedo a enfrentarnos a las sombras del pasado, especialmente cuando esas sombras pertenecen a figuras públicas que tienen la responsabilidad de representarnos a todos. Hoy os presentamos una crónica que no es solo una mirada al pasado, sino un intento de comprender cómo las palabras y las acciones de una concejala pueden impactar en la confianza que la ciudadanía deposita en sus representantes. Hablamos de Laia Montes Porta, tercera teniente de alcaldía de Olesa de Montserrat y concejala de Género, Feminismos y LGTBIQ+, una mujer que, por su cargo, debería ser un faro de diversidad e inclusión. No obstante, las publicaciones de su antiguo cuenta de Twitter (@layukzz), recuperadas por nuestro equipo, revelan una faceta que parece contradecir esa misión. Estos tuits, escritos entre 2021 y 2022, muestran un lenguaje duro, ofensivo y, en muchos casos, extremista, que cuestiona la capacidad de Laia Montes para representar a todo el mundo, tal como exige su rol público. Como medio comprometido con la fiscalización del poder, nos preguntamos: ¿cómo puede una concejala que debería defender la diversidad y la igualdad usar un lenguaje que hiere y excluye? Esta crónica busca respuestas, con la profundidad y el rigor que merece, pero también con la cercanía y la humanidad que nos caracterizan.
Un pasado que no se borra: Las palabras de Laia Montes
Los tuits recuperados cubren un año y medio de reflexiones personales, desde 2021 hasta 2022, y tocan temas profundos y complejos: la Ley Trans, el trabajo sexual, el género, las relaciones de poder. Pero más allá del contenido, lo que llama la atención es el tono: a menudo mordaz, con insultos y desprecios que no solo cuestionan ideas, sino que atacan a personas y colectivos enteros. Ese lenguaje no solo es inapropiado para una figura pública, sino que también pone en duda la capacidad de Laia Montes para ejercer un cargo que exige empatía, respeto y una visión inclusiva de la sociedad.
Uno de los ejemplos más claros es el tuit del 18 de julio de 2021: “¿Está este personaje unineuronal afirmando que el género que nos oprime es una cuestión biológica?”. El mensaje era una respuesta a Juan Carlos Monedero, que hablaba de la “matria” como alternativa a la “patria”. Podemos entender que Laia quisiera criticar una visión simplista del género, pero el término “unineuronal” es un insulto gratuito que no aporta nada al debate y solo sirve para deshumanizar al otro. Este tipo de lenguaje no solo cierra cualquier posibilidad de diálogo, sino que también muestra una falta de respeto profundamente preocupante.
Otro mensaje, del 26 de junio de 2021, aborda la cuestión del género con una dureza todavía mayor: “El sexo es algo material y tangible, el género una herramienta de opresión. Decir que el género fluye es borrar la violencia que sufrimos las mujeres. El problema que tenéis todos estos colectivos queer guayistas es que no conceptualizáis bien. Una misoginia purpurinosa preciosa”. Estas palabras no solo cuestionan la fluidez de género —un concepto fundamental para muchas personas trans y no binarias—, sino que lo hacen con un tono despectivo que menosprecia a los colectivos queer, llamándolos “guayistas” y acusándolos de misoginia. Ese lenguaje no solo es ofensivo, sino que también ignora las décadas de lucha de estos colectivos por ser reconocidos y respetados. Según un estudio del Observatorio contra la Homofobia de Cataluña, en 2023 se registraron 303 incidentes de discriminación contra personas LGTBIQ+ en Cataluña, un 27,5% más que el año anterior, una cifra que evidencia la vulnerabilidad de estos colectivos y la importancia de tener representantes que los defiendan, no que los ataquen.
El 14 de junio de 2022, Laia publicó un tuit sobre el trabajo sexual: “Las denominadas 'Trabajadoras sexuales de trata' por algún alma pseudo-anticapitalista que no acaba de entender la lingüística materialista. Ni tampoco la relación entre el lenguaje y las experiencias que lo conforman. No tienen ni ética ni moral contra el capital #Abolición”. Aquí, Laia defiende una postura abolicionista, viendo el trabajo sexual como una forma de opresión. Aunque es una visión legítima, su lenguaje —con expresiones como “alma pseudo-anticapitalista” o “no tienen ni ética ni moral”— es un ataque directo a quienes defienden la despenalización del trabajo sexual. Ese tono no solo es inadecuado, sino que también ignora las voces de muchas trabajadoras sexuales que, según organizaciones como Amnistía Internacional, piden la despenalización para proteger sus derechos humanos y vivir con más seguridad. Un informe de Amnistía de 2016 concluye que la despenalización es la mejor manera de combatir el estigma y la violencia contra las trabajadoras sexuales, una realidad que las palabras de Laia parecen pasar por alto.
Críticas a Bloc Olesà CUP por la presencia de Laia Montes Porta
Los tuits de Laia Montes, con su lenguaje crudo y sus posturas contundentes, no han pasado desapercibidos. Y es que estas declaraciones han levantado una oleada de críticas que apuntan directamente a Bloc Olesà CUP, la formación que ha decidido contar con ella como concejala. Para muchos, hay un contraste incómodo entre los valores de inclusión y diversidad que el partido defiende y la ideología de la concejala, que ha sido recibida como un golpe duro por parte de la comunidad LGTBIQ+ y otras voces feministas.
En las redes, el malestar se ha hecho evidente. Usuarios transexuales han expresado abiertamente su rechazo, calificando a la concejala de “TERF de manual” y pidiendo acciones claras a Bloc Olesà CUP. ¿Cómo puede una formación mantener su imagen de lucha social cuando las palabras de una de sus figuras públicas generan tanta controversia? Esta es una cuestión que va más allá de la política local y toca un nervio sensible: la necesidad de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Es una vergüenza que la @CUPBaixLlo @cupolesa permita que @layukzz una TERF de manual esté en sus listas. Debería estar expulsada por discurso de odio y por ir en contra de nuestra lucha.
¡Los derechos trans son derechos humanos! 🏳️⚧️🏳️🌈✊🏽🔥 https://t.co/0HcG0HhS0x pic.twitter.com/HyxdelNhnF
— Noa (ella/elle) 🏳️⚧️ 🚩 (@Noah_cuir) April 29, 2023
Los hombres también sufren
El 21 de julio de 2021, otro tuit aborda las relaciones entre hombres y mujeres: “Llámame especista, pues.”, haciendo referencia a un tuit de un usuario que decía “Estoy en contra de que los hombres inviten en las citas y soy especista según vuestros ‘argumentos’, bloqueadme si lo consideráis oportuno [...]”. Este comentario, que quizá pretendía ser irónico, acaba siendo una generalización que puede hacer sentir a muchos hombres como si fueran juzgados por el mero hecho de serlo. Según una encuesta del CIS de 2024, el 44% de los hombres españoles sienten que están discriminados frente a los estándares del feminismo, y según un informe de la FAD-CRS sobre masculinidades juveniles publicado en 2022, el 47% de los hombres jóvenes y el 37% de las mujeres en España consideran que los hombres están desprotegidos frente a las denuncias falsas, datos que muestran un malestar creciente y la necesidad urgente de construir un feminismo realmente inclusivo, capaz de generar alianzas y no rechazos. Y es que los hombres también sufren problemáticas específicas y profundas que a menudo quedan invisibilizadas o trivializadas en el debate público.
Entre esas realidades, están las presiones constantes para encarnar una masculinidad hegemónica —fría, competitiva, dominante y emocionalmente inaccesible— que a menudo deriva en dificultades para expresar sentimientos, gestionar el dolor emocional o pedir ayuda. Ese modelo contribuye al aislamiento afectivo, a la falta de vínculos sólidos y a una peor salud mental. No es casualidad, por tanto, que los hombres representen casi el 75% de las muertes por suicidio en España, según datos del INE, una cifra alarmante que no puede ser ignorada.
Dime que eres una terf sin decirme que eres una terf 🤡 ah y gracias por encontrar sentido a mi vida, debe ser que la causa de todos los males es que odiamos a las mujeres 😂 en fin
— Энрик 🇵🇸🇾🇪🇨🇩🇱🇧 (@Bootyfarrah97) August 13, 2022
El lenguaje de Laia, lejos de abrir un diálogo necesario, parece cerrarlo con una confrontación innecesaria que puede reforzar el sentimiento de rechazo en esos hombres que, aun queriendo sumarse a la lucha por la igualdad, se encuentran constantemente cuestionados o excluidos. Si queremos avanzar hacia una sociedad más justa, hay que reconocer que las desigualdades no solo afectan a las mujeres, sino que el sistema también genera daños profundos en los hombres, y que solo desde la comprensión mutua se podrá construir un verdadero cambio colectivo.
Laia y la comunidad queer
El 6 de noviembre de 2021, Laia escribió: “Pronto, si algún día de estos en vez de estudiar los dogmas queer se estudia la ley y se deja de tomarnos por tontas a todas las mujeres”. Este mensaje, en respuesta a un debate sobre la ley de reproducción asistida, utiliza un tono despectivo para criticar las políticas trans, con expresiones como “dogmas queer” y “tomarnos por tontas” que no solo son ofensivas, sino que también reflejan una visión estrecha del género. Según un informe de la FELGTB (Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales) de 2023, el 54% de las personas trans en España han sufrido discriminación en el acceso a servicios sanitarios, una realidad que muestra la importancia de políticas inclusivas. El lenguaje de Laia no solo ignora estos datos, sino que también puede hacer sentir excluidas a las personas trans, un colectivo que debería ser protegido por su cargo.
La Ley Trans: un avance con sombras
La Ley Trans, aprobada en 2023, fue un paso histórico para la comunidad trans en España. Permite a las personas trans mayores de 16 años cambiar su nombre y sexo legal sin tener que pasar por pruebas médicas o psicológicas. No obstante, la ley también ha generado debate. Algunas voces, especialmente desde el feminismo radical, han expresado preocupaciones sobre posibles abusos, como hombres que podrían cambiarse de sexo para acceder a espacios reservados a mujeres. Aunque esas preocupaciones deben ser consideradas, los datos muestran que los casos de abuso son extremadamente raros: según la ministra de Igualdad, Ana Redondo, de las casi 6.000 solicitudes de cambio de género presentadas desde la entrada en vigor de la ley trans, solo se detectaron anomalías en 85 casos, lo que representa aproximadamente un 1,4% del total. A pesar de ello, el tuit de Laia del 6 de noviembre de 2021 parece alinearse con estas preocupaciones, pero con un tono que no solo es crítico, sino también despectivo, lo que dificulta cualquier debate constructivo.
El término TERF: una etiqueta que polariza
El término TERF (Feminista Radical Trans-Excluyente) es uno de los más controvertidos en los debates sobre género. Se refiere a una corriente feminista que defiende que solo las personas asignadas mujeres al nacer pueden ser consideradas mujeres, argumentando que las experiencias de las mujeres trans son diferentes. Esa visión, arraigada en el feminismo de los años 70, ha sido criticada por excluir a las mujeres trans. Y es que según un estudio del Observatorio contra la Homofobia (OCH), las agresiones a personas trans en Cataluña aumentaron un 38,1% en 2022, pasando de 42 a 57 casos, con una incidencia particular sobre mujeres trans y personas no binarias. Aunque algunas feministas defienden esta postura como una forma de proteger espacios seguros para mujeres nacidas como tales, la realidad es que ese discurso puede perpetuar la exclusión y la transfobia. Los tuits de Laia, con su tono despectivo hacia los colectivos queer y trans, podrían hacer pensar en esa etiqueta, pero lo innegable es que su lenguaje no contribuye a un debate abierto y respetuoso.
Trabajo sexual: una visión extremista que ignora voces
La postura abolicionista de Laia sobre el trabajo sexual, expresada en el tuit del 14 de junio de 2022, es clara: ve esa práctica como una forma de explotación que hay que erradicar. Esa visión, compartida por muchos sectores feministas, contrasta con la de organizaciones como Amnistía Internacional o la Organización Mundial de la Salud, que defienden la despenalización como vía para proteger los derechos humanos de las trabajadoras sexuales. El lenguaje de Laia, sin embargo, no solo es abolicionista, sino también despectivo hacia quienes defienden posturas distintas, lo que cierra cualquier posibilidad de diálogo e ignora las voces de las propias trabajadoras sexuales, muchas de las cuales piden ser escuchadas, no juzgadas.
La responsabilidad de un cargo público: representar a todos
Ser concejala de Género, Feminismos y LGTBIQ+ no es solo un título; es una responsabilidad hacia toda la ciudadanía. Laia Montes recibe un sueldo público de 15.786,26 € anuales, dinero que sale de los impuestos de todos los olesanos, independientemente de su identidad de género, orientación sexual o ideología. Eso significa que debe representar a todos, no solo a una parte. Sus palabras, sin embargo, parecen defender una visión extremista que excluye y ataca a colectivos enteros, cosa que es profundamente inapropiada para una figura pública. En Teleolesa creemos que los representantes deben ser puentes, no murallas, y que su lenguaje debe reflejar respeto e inclusión, no insultos ni desprecios.
Una cuenta borrada: El silencio del pasado
Cuando los tuits de Laia empezaron a circular, su cuenta de X desapareció. Es un gesto que puede parecer un intento de borrar el pasado, pero las palabras, una vez dichas, no se desvanecen tan fácilmente. En Teleolesa hemos recuperado esos mensajes porque creemos que la ciudadanía tiene derecho a saber. No lo hacemos para señalar, sino para pedir transparencia. Una figura pública como Laia Montes debe dar explicaciones, no esconderse.
Su voz, nuestra espera
Como periodistas, hemos intentado hablar con Laia. Le escribimos, le preguntamos si todavía piensa lo mismo, si ha cambiado, si quería decir algo. Pero hasta hoy, no hemos recibido respuesta. Ese silencio no ayuda a aclarar nada; solo deja más preguntas. Queremos entender su historia, su camino, pero necesitamos que ella también quiera hablar.
Una invitación al diálogo
Esta crónica no es un juicio; es una invitación. Una invitación a hablar, a reflexionar, a construir puentes. Laia Montes tiene derecho a tener opiniones, pero como concejala, sus palabras tienen un peso especial. Pueden levantar o pueden herir. Nosotros, desde Teleolesa, queremos abrir este espacio de diálogo. Queremos que ella explique su verdad, que la ciudadanía pueda entender y debatir.
Esta historia nos recuerda que los cargos públicos son más que un título; son una responsabilidad hacia las personas. Las palabras de Laia Montes nos han hecho pensar, cuestionar, sentir. Pero también nos han recordado la importancia de la transparencia, de dar la cara. No sabemos si Laia ha cambiado, si hoy defendería las mismas ideas o si tiene una explicación que compartir. Lo que sí sabemos es que Olesa merece saberlo. Y nosotros, como periodistas, seguiremos trabajando para que la información sea el camino hacia un futuro más justo.
NOTA: Esta crónica pertenece al género de opinión y refleja exclusivamente la visión editorial de Teleolesa sobre la fiscalización del poder y la coherencia ética de los cargos públicos. Su objetivo es la reflexión y el análisis crítico de las acciones y declaraciones pasadas de una concejala con responsabilidades en Género, Feminismos y LGTBIQ+. Como pieza de opinión y análisis, es importante destacar que existen múltiples enfoques y perspectivas sobre la cuestión, y la información presentada (incluidos los datos estadísticos) se utiliza como apoyo a la tesis editorial del autor y no como mera información factual.