Censura, asfixia económica y falsa inclusión: El lado oscuro del Ayuntamiento de Olesa de Montserrat

De la recomendación de "no hablar de política" al bloqueo de la prensa escrita: el cinismo del poder local al descubierto

Ayuntamiento de Olesa de Montserrat / Generado con inteligencia artificial

Dicen que el periodismo es, por definición, incómodo para el poder. Cuando un medio de comunicación se limita a transcribir notas de prensa oficiales, deja de ser prensa para convertirse en propaganda. En Teleolesa, desde el primer día, tuvimos clara nuestra misión: fiscalizar, preguntar y dar voz a aquello que a menudo se quiere mantener en silencio. Pero nunca imaginamos que ejercer ese derecho fundamental en Olesa de Montserrat desencadenaría una maquinaria institucional tan bien engrasada destinada a una sola cosa: la aniquilación de la disidencia informativa.

Esta crónica no es solo un relato de agravios; es una radiografía detallada del modus operandi del Ayuntamiento de Olesa de Montserrat. Un sistema que opera desde las sombras de los despachos para asfixiar, discriminar y, en última instancia, silenciar un medio que se ha atrevido a mirar directamente a los ojos del "monstruo institucional".

La advertencia inicial: "No habléis de política"

Todo empezó mucho antes de que estallara el conflicto público. En los inicios de nuestra actividad, fuimos convocados a una reunión con representantes del Ayuntamiento. El tono, aparentemente cordial, escondía una directriz perversa vestida de "consejo profesional". Se nos sugirió, con esa sutileza burocrática que caracteriza la censura moderna, que Teleolesa no debería entrar en temas políticos. El mensaje era claro: "Dedicaos a la cultura, a las fiestas, a las fotos bonitas. No hagáis ruido".

Esta petición no era inocente. Analizada en frío, revela la concepción que el equipo de gobierno tiene de la prensa local: la quieren servil, decorativa e inofensiva. Cuando un responsable político o de comunicación te dice "no hables de política", en realidad te está diciendo "no me fiscalices". No quieren periodistas; quieren relaciones públicas gratuitas. Nuestra negativa a aceptar esa mordaza fue el detonante. En el momento en que decidimos que informaríamos sobre todo lo que sucede en Olesa —incluida la gestión del dinero público y las decisiones del pleno—, pasamos a ser el enemigo a batir.

La asfixia económica como arma política

La represalia por nuestra independencia no se hizo esperar, y llegó en la forma más vieja del mundo: el dinero. El Ayuntamiento de Olesa gestiona un presupuesto de publicidad institucional que debería servir para informar a la ciudadanía a través de los canales más efectivos. Los datos son tozudos: Teleolesa es líder de audiencia en el municipio, con miles de visitas únicas mensuales que superan con creces a otros medios.

A pesar de ello, el Ayuntamiento ha decidido excluirnos sistemáticamente del reparto de publicidad institucional. Mientras otros medios reciben inyecciones de dinero público mensualmente —algunos con audiencias testimoniales comparadas con las nuestras—, a Teleolesa se le cierra la llave.

¿La excusa oficial? "Criterios técnicos discrecionales". ¿La realidad? Discriminación ideológica. No se trata de ahorro, sino de castigo. Utilizan el dinero de todos los olesanos para premiar la afinidad y castigar la crítica. Esta estrategia busca el ahogo económico del medio, esperando que la falta de recursos nos obligue a bajar la persiana. Pero se equivocan: nuestra moneda de cambio no es la subvención, sino la confianza de los lectores.

Además, la estrategia de aniquilación llegó al punto de bloquear nuestra edición de prensa escrita. Cuando planteamos el lanzamiento de una versión en papel para llegar a la gente mayor y a los desconectados digitalmente, el Ayuntamiento se negó rotundamente a colaborar o facilitar información, sabiendo que sin apoyo institucional la viabilidad de un impreso local se complica enormemente. Su objetivo era claro: que Teleolesa no existiera ni en las pantallas ni en las calles.

La hipocresía de la "inclusión": barreras y tasas

Si la asfixia económica es grave, el trato humano recibido ha sido, sencillamente, despreciable. El episodio más cínico y doloroso no fue financiero, sino moral, y destapa la gran mentira de la "inclusión" que el Ayuntamiento predica en las redes sociales.

El equipo de Teleolesa cuenta con personas con diversidad funcional. El Ayuntamiento de Olesa se llena la boca en sus discursos públicos, llenos de palabras bonitas como "igualdad", "accesibilidad" y "ciudad para todos". La realidad, sin embargo, es que cuando solicitamos hacer una entrevista a un concejal, nos topamos con la realidad física: el edificio del Ayuntamiento no estaba adaptado a nuestras necesidades.

En cualquier administración con un mínimo de ética y sentido común, la respuesta habría sido inmediata: facilitar un espacio alternativo accesible sin coste, para garantizar el derecho a la información y el derecho al trabajo de los periodistas. Pero en Olesa, la "humanidad" tiene un precio. La respuesta del Ayuntamiento fue intentar cobrarnos por el uso de un espacio municipal alternativo.

Lo habéis leído bien. Querían que pagáramos una tasa para poder trabajar, penalizándonos por nuestra condición física y por la falta de adaptación de sus propios edificios públicos. Nos decían, en la práctica: "Si queréis entrevistarnos y vais en silla de ruedas, pagad". Esta es la verdadera cara de la “inclusión” institucional cuando las cámaras no graban y no hay urnas cerca: barreras arquitectónicas, tasas administrativas y una falta de empatía glacial. Es una muestra de cinismo que duele, no solo como profesionales, sino como personas.

El brazo ejecutor y el papel del CIC

Para rematar la ofensiva, el Ayuntamiento no se ha limitado a bloquearnos; ha pasado al ataque activo intentando deslegitimarnos. Han presentado quejas al Consejo de la Información de Cataluña (CIC), acusándonos de ser un "seudomedio" y de vulnerar códigos éticos, simplemente porque nuestro estilo directo y fiscalizador les molesta.

Es curioso cómo el CIC, un organismo que debería velar por la libertad de prensa, pese a habernos reconocido como periodistas y como medio de comunicación, ha comprado con una facilidad sorprendente parte del relato del poder municipal, emitiendo resoluciones que parecen dictadas desde la propia alcaldía. Pero de eso, de la curiosa relación entre el CIC y el Ayuntamiento —¿sabíais que se siguen mutuamente y con gran interés en las redes sociales mientras ignoran nuestros correos electrónicos?— hablaremos en el próximo capítulo de esta serie. Analizaremos con lupa cómo un organismo de arbitraje puede convertirse en un instrumento de censura.

La resistencia continúa

El Ayuntamiento de Olesa de Montserrat ha desplegado todo su arsenal: presiones para no hablar de política, discriminación económica, bloqueo a la edición impresa y un desprecio absoluto por los derechos de las personas con diversidad funcional. Han creado un monstruo burocrático diseñado para aplastar la crítica.

Pero aquí seguimos. Porque el periodismo no necesita el permiso del poder para existir; solo necesita la verdad y el apoyo de la gente. Ellos tienen el presupuesto y las trabas administrativas; nosotros tenemos el apoyo de los olesanos y olesanas y la determinación de seguir explicando lo que ellos quieren ocultar.

NOTA: Este artículo se enmarca en el género de la crónica de análisis y la opinión periodística. Su contenido se basa estrictamente en la experiencia directa, las vivencias personales y la documentación recopilada por los periodistas de Teleolesa en el ejercicio de su labor. Con esta publicación, el medio ejerce su derecho a la libertad de expresión y de información, ofreciendo un relato subjetivo pero fundamentado sobre los hechos que han marcado la relación entre esta redacción y las instituciones mencionadas.

Fuentes de verificación

Antonio Retamero

Periodista especializado en política, actualidad, sucesos y sociedad. Se encarga de la cobertura informativa diaria, la redacción de noticias y el seguimiento de temas de interés público.

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