El traslado de la zona de esparcimiento canino en La Central genera debate sobre el civismo y la limpieza viaria
El Ayuntamiento iniciará el 21 de enero las obras para mover el equipamiento a un nuevo solar ante las quejas vecinales por ruidos y olores
El Ayuntamiento de Olesa de Montserrat ha notificado el inicio del proceso de reubicación de la zona de esparcimiento para perros del barrio de la Central. Según la información facilitada por la administración local, las intervenciones sobre el terreno comenzarán el próximo 21 de enero. Esta operación implica el cierre temporal del espacio actual hasta que finalicen los trabajos de adecuación del nuevo emplazamiento.
El calendario previsto fija la duración de las obras en tres semanas. Durante este intervalo, el servicio no estará disponible para la población. La nueva instalación se ubicará en unos terrenos adyacentes a las vías de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC), una localización que los técnicos municipales han validado como alternativa al emplazamiento vigente. El consistorio ha comunicado que informará oportunamente cuando el nuevo recinto esté operativo.
Motivaciones del traslado y respuesta a las instancias vecinales
El origen de esta modificación urbanística se encuentra en las peticiones formuladas por los residentes de la calle Jaume de Vivers. Los habitantes de esta área habían trasladado al consistorio diversas quejas vinculadas a la proximidad de la zona de esparcimiento con sus domicilios.
Las reclamaciones hacían referencia principalmente a episodios de malos olores y ruidos que se registraban, en determinadas ocasiones, fuera del horario de apertura establecido. El cambio de ubicación tiene como objetivo reducir este impacto en la convivencia, alejando la actividad de las viviendas y trasladándola a la franja próxima a la infraestructura ferroviaria.
Escepticismo sobre la gestión de los recursos y la vigilancia
La noticia ha derivado en una diversidad de opiniones entre la población de Olesa. Un segmento de la ciudadanía cuestiona si mover el equipamiento es la solución más eficiente y apunta hacia la necesidad de incrementar la fiscalización. Algunos vecinos sugieren que la problemática real no es la ubicación, sino la aplicación estricta de las ordenanzas municipales.
Un ciudadano plantea la siguiente reflexión: "¿Por qué no se multa al que no recoge las cacas por todo el pueblo, no solo en el pipican? ¿Por qué no se analizan antes las molestias de los ruidos?". Esta visión crítica pone el foco en el gasto público, argumentando que "poner más policía sale más barato que ir modificando cosas". En la misma línea, otras voces califican la actuación de "chapuza" y consideran que este tipo de obras transmiten la sensación de que "sobra el dinero".
Inquietudes medioambientales y el uso del espacio liberado
De manera paralela al traslado, se ha abierto un debate sobre el destino del terreno que quedará vacío. Aunque algunas personas valoran positivamente la posibilidad de ganar plazas de estacionamiento, afirmando que "habrá más sitio para aparcar" y que eso "no molestará a los vecinos", otros residentes muestran preocupación por las consecuencias de esta alternativa.
El principal temor expresado por algunos habitantes de la zona es el polvo y la limpieza. Un vecino expone su situación: "Espero que el espacio del pipican de ahora no se utilice para aparcar, porque cuando no llueve se levanta muchísimo polvo y los que vivimos aquí ya estamos muy hartos del polvo que entra en casa".
Asimismo, otros ciudadanos rebaten el argumento de que el aparcamiento mejore el entorno, señalando el incivismo de algunos conductores. "Cada vez está más lleno de basura que los conductores dejan junto al coche aparcado", indica un testigo, sugiriendo que el cambio de uso del suelo podría no solucionar los problemas de salubridad.
El debate sobre el civismo y la responsabilidad individual
Finalmente, gran parte de las reacciones inciden en la conducta de los propietarios de perros y de la población en general. Existe la percepción entre varios vecinos de que la infraestructura es necesaria, pero insuficiente sin un comportamiento cívico adecuado. "Lo que debe hacer la gente es llevar a los perros allí y no dejar el camino lleno de excrementos por toda la zona, pero parece buena idea la reubicación", apunta un ciudadano.
Estas opiniones indican que las molestias, como las micciones ("los pipis también molestan") o los residuos, son a menudo consecuencia de una falta de educación que trasciende la ubicación del equipamiento. En este sentido, se señala que la suciedad no es exclusiva de los dueños de mascotas, con referencias a una "falta de educación" más amplia y a la presencia de "gente a pie" y conductores que no respetan la limpieza de la vía pública, independientemente de la dotación de papeleras.